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"Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero." William Shakespeare

Uno de los fenómenos más interesantes ocurridos durante la última década en América Latina ha sido la explosión de la participación política “no convencional”, en el marco de regímenes que garantizan, como mínimo nominalmente, derechos y libertades. Manifestaciones, piquetes, puebladas, cacerolazos, cortes de ruta, ocupaciones, sentadas, performances y bloqueos han formado parte del repertorio de acciones utilizadas por ciudadanos de muy diversa condición.

Estas formas no convencionales de participar en la política han sido, muchas veces, la manera en que muchos ciudadanos han expresado su descontento. América Latina, desde hace décadas, se ha calificado como una región con un gran potencial y capacidad de movilización. Desde los 60 hasta hoy se ha prestado atención a la política en la calle, sin embargo durante la última década, ésta se ha hecho más compleja. Anteriormente las movilizaciones se relacionaban básicamente con dos grandes temas: la lucha contra el autoritarismo y las demandas populares.

La silenciosa expansión del 15-M.
Corría mediados de julio, pleno verano en Madrid, y la asamblea de San Blas se reunía, como cada lunes, a las seis de la tarde. La de San Blas es una de esas asambleas de barrio del 15-M que han permanecido activas el movimiento decidió descentralizarse y trasladar la acción a los barrios al poco de nacer, a las primeras de cambio.
Unas cuarenta personas se congregaron en la Plaza Blanca para abordar la creación de un banco del tiempo, un sistema para intercambiar servicios entre los vecinos sin necesidad de una moneda. Israel, informático, empezó a aplicarlo ese mismo día. Necesitaba arreglar unas cortinas en su casa.