Bea: Hola, Joaco, gracias por estar con nosotros... Hemos oido hablar de ti en varias ocasiones y no hemos querido perder la oportunidad de hablar contigo, jajajaja.
Me gustaria que nos presentases quién eres y con quién te has formado en breves lineas, y despues me contestases a una sencilla pregunta pero quizá una dificil respuesta.....¿Qué hizo que te convirtieses en un clown? Ábrenos tu corazón por favor ;-)
Joaco: ¿Quién soy? En realidad no lo sé, aunque tampoco importa. Hay algunas máscaras con las que me identifico, pero no demasiado. Está la de Joaco Martin, pelirrojo con gafas, especie de guiri, empollón y sensible. Otra es la de profesor de clown. Esta es realmente muy divertida. ¡Ah! Y también está la de seductor, aunque ésta última no me funciona demasiado. ¿Qué me hizo convertirme en clown? Pues si quieres que te diga la verdad... fue por amor. ¡Si! Me enamoré de una chica que hacía clown, y bueno, acabé casado... ¡con el clown! Ella me dio calabazas, creo, bueno, en realidad no lo sé, porque soy tan tímido que ni siquiera me atreví a comprobarlo. En fin, fue amor a primera vista. De repente, en interminables horas de pasión... me encontré con que el clown me permitía expresar todo un mundo encerrado dentro de mí. ¡Emociones, locura, creatividad, pasión, imaginación, complicidad, placer y juego! Tantas cosas que por mi formación técnica, familia conservadora y caracter retraído no había podido expresar. Incluso, ¡ligaba! En fin, el clown me cambió la vida. Bueno, en realidad soy igual que antes, auque ahora me lo tomo un poco menos en serio, creo. ¿Con quién me he formado? Bueno, pues creo que con casi todas las profesoras y profesores de clown del mundo. Por afán de superación, y sobre todo por placer. Siempre tuve claro que debía probar de todo para ampliar mi visión al máximo. ¡Es un vicio! Lo reconozco.
Bea: Suena que el haberte convertido en clown ha sido de lo más liberador jajaja... Pero... ¿qué es ser un clown? ¿Qué tiene que ver con el típico tópico payaso de circo?
Joaco: Bueno, el clown de circo tradicional con sus ropas de colores, maquillaje exagerado, grandes zapatones y voz estridente es perfecto para su entorno... ¡no es fácil competir con acróbatas, malabaristas, elefantes y niños enloquecidos a tres pistas! En cualquier caso, hay grandes clowns de circo como Antonet, Grock, Popov, Fratellini y Charlie Rivel que son maestros consumados en el arte del clown. El payaso ha recorrido los castillos, las aldeas, las plazas, el circo, el cine y el teatro con su eterna maleta hasta llegar a nosotros. Hoy en día, el clown contemporáneo surge de la búsqueda iniciada, entre otros, por Jacques Lecoq sobre la esencia de lo clownesco. ¿Y cual es? El clown es uno mismo (su mejor personaje) jugando con su propio ridículo. Pretender (hacernos creer hasta casi creérselo el mismo) que es o sabe algo que ni es ni sabe: ese es su juego; como un mal estudiante que, en el examen de historia, nos cuenta la película de romanos que vio en la tele la noche antes. La principal pretensión de cada uno es su identidad, aquello que nos tomamos más en serio de nosotros mismos y del mundo. El clown juega por puro placer, para divertirse y divertir, con complicidad, con la intención última de ser querido y aceptado. Empiezas a entender algo, ¿verdad? Uno, de alguna manera, se desnuda, se rinde, se entrega, salta al vacío, se deja llevar por sus impulsos, mostrando así su lado más humano, auténtico y vulnerable, lo juega y lo comparte. Entonces, el clown que es uno mismo más allá de toda máscara, se muestra en todo su esplendor. ¿Un neurótico obsesivo? ¿Un maníaco sexual? ¿Un dictador frustrado? ¿Un asesino en serie? ¿Una diva histérica? ¿Un chistoso sin gracia? ¿Un mentiroso compulsivo? ¡Todo es posible! Y si lo aceptas y lo juegas, el público reirá hasta caerse del asiento. ¡Grandioso! ¿No? Lo estoy pasando fenomenal con esta entrevista, gracias. Me pregunto cómo será tu payasa, deformación profesional. Aunque, la verdad, algo intuyo. El mío es un poco cotilla, como verás.
Bea: Ejem... jajajaja... entiendo que todos hacemos día a día el papel de clown porque hacemos parecer que sabemos mucho y luego no sabemos nada, jajajaja... lo que pasa que en vez de reirnos de ello nos lo tomamos muy en serio y defendemos con cara de hueso lo que creemos saber y que luego en realidad no sabemos... jajajaja... bueno, es una sensación que he tenido, que puede ser real si o no. Pero, ¿qué crees que aporta realmente el clown en esta sociedad? ¿Crees que el clown muestra la vulnerabilidad, la ensalza, la comparte, juega y luego la utiliza como su poder de encantamiento?
Joaco: El clown puede aportar mucho a la sociedad, siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Su principal función creo que es la de recordar a los individuos su humanidad. En efecto, al reirnos de un clown, de su vulnerabilidad, falibilidad, locura, inocencia, estupidez y ridículas pretensiones. Sin darnos cuenta, tomamos esa misma distancia, humor y ternura en relación a nosotros mismos. El ego, la autoimportacia, la seriedad y el control se relajan durante un buen rato. En este sentido, el clown es una especie de Bodhisatva que nos acompaña en nuestro camino y nos sana. Pues al permitirnos reir, creyendo que reímos de él, nos reírnos de nosotros mismos. Esto es lo que han hecho todos los grandes clowns de la historia. Con Chaplin nos reímos de la miseria humana provocada por el capitalismo maquinista y despiadado y el totalitarismo de los años 30 y de siempre. Con Woody Allen nos reímos de la soledad, la fragilidad, el intelectualismo y el sentimiento de pequeñez y vacío del individuo en la sociedad contemporánea. De todos modos, no hay nada como atreverse a vivir la experiencia de liberar tu propio clown, en vivo y en directo, haciendo algún buen curso de clown. En cuanto a la capacidad de encantamiento de un clown, ¡es cierto! No por nada, Charlie Chaplin, Harold Lloyd, Groucho Marx o el mismo Grock no es que fuesen pobres, precisamente. De hecho, los dueños de los circos son muchas veces los propios payasos. ¡Esta sí que es una buena contra-máscara! Sin embargo, no es menos cierto que muchos de ellos han sido denostados, expulsados y perseguidos, como el propio Chaplin. Porque ayer, hoy y siempre, tomar el poder y la expresión individual frente a la alienación y la masificación, ejercer el derecho natural a reír de la estupidez propia y ajena, siempre ha tenido sus inconvenientes. Sin embargo, tengo que decir que el clown no es una figura política como tal, porque es mucho más que eso. Es simplemente humano, ¡demasiado humano! Y su verdadera fuerza de transformación del mundo no está en el conflicto y la lucha, sino en el juego y la ternura. En la integración de los opuestos. Pues en esto consisten, precisamente, el juego, la complicidad y la risa. Nos reímos cuando contemplamos las dos caras de la "verdad" al mismo tiempo. La vida es paradójica. La risa es paradójica. El clown es paradójico. Nada es bueno ni malo. Ni verdad ni mentira. Ni tú ni yo. Tan sólo nosotros, aquí y ahora, tal como somos. Así, liberada del peso del ego, el alma se alegra y danza: eso es la risa, eso es el clown. Es lindo, ¿no?
Bea: Suena muy bien, suena a sabiduría universal... pero ¿un clown llega a esa sabiduría cuando se pone la nariz de payaso o en su día a día?, jajaja.
Joaco: Me gusta el arte Zen, porque es un arte total. Este es para mí el ideal de arte: un arte al servicio de la vida, y no al revés. Arte sin artificio. Arte como vía de iluminación. En este sentido, creo que todo en la vida puede ser un arte: desde pelar una patata hasta dormir la siesta. Es más, creo que la vida bien vivida, es un arte. El clown me ha enseñado que no existe la cuarta pared. Ni la pared del teatro, ni la clase, ni la máscara que llevamos, ni la historia que contamos. La vida es una. Así que el arte no puede limitarse a su burbuja controlada. Sino que debe explotar en todas direcciones. O bien, convertirse en una mentira más de la que reírse. Claro que, al final, nos acabamos riendo con la vida, o bien, la vida de nosotros. Es verdad que el clown te cambia, y tiene su lado terapéutico. Aunque sea sólo por la conciencia que te da acerca de tus ridículas pretensiones. Pero, antes que una terapia, es un arte: y es esto lo que lo hace verdaderamente terapéutico. Supongo que los payasos en la vida diaria son como todo el mundo, incluso un poco más humanos que la media. Pero ¡quién sabe! El clown es sólo una oportunidad, como la risa de un niño, la mirada de un anciano o la luz que juega entre las hojas de un árbol en primavera. Yo, personalmente, soy más feliz desde que me dedico al clown. Me tomo menos en serio. Me acepto más. Soy más libre, me río y juego más. Así que, supongo que si uno es feliz, no tiene tantas razones para violar, matar y explotar a los demás.
Bea: Otra pregunta, ¿qué relación tiene el clown con los risoterapeutas o con los del yoga de la risa, o con los que hacen meditaciones de la risa...? No sé si has investigado algo de estos otros profesionales del reir... cuéntame como ves este "mundo terapeutico de la risa".
Joaco: ¡La risa! A mí me gusta decir que la risa es el sonido del alma en movimiento. Pero ¿qué demonios quiere decir esa frasecita de autoayuda? Bueno, pues... supongamos un ambiente serio, controlado, estirado, encopetado, tan reglado como una biblioteca, una clase, una misa, un funeral, una oficina, un cuartel o una cena de etiqueta. Ya sabes, cualquier lugar donde esté prohibido moverse, hablar, hasta respirar casi de forma natural, no digamos reir. Entonces, alguien hace un pequeño gesto, un guiño fuera de lo esperado... ¡y salta la chispa! Una leve sonrisa. Un gritito contenido. Hasta estallar en una sonora carcajada. ¿Por qué? Bueno, en realidad, no hace falta meterse en un cuartel. En la vida cotidiana, en general, tan sólo nos permitimos un pequeño repertorio de movimientos y actitudes muy determinados. Solamente los niños, y no por mucho tiempo, pueden expresar toda la variedad y toda la gracia del cuerpo y del espíritu humano. Pero en seguida les ponemos un corsé. ¡La cultura! ¡La educación! Y lo primero que se prohibe es la risa, claro. Pasa un tipo, todo empingorotado, con la nariz muy alta y mirada altiva, tropieza, ¡y nos reímos! ¿Por qué? Otro ejemplo. Cuando se nos ocurre una idea feliz. Cuando comprendemos una verdad de repente, ¡nos reímos! Sí, la iluminación nos hace reír. ¿Por qué? Yo creo que la risa es la expresión espontánea de que estamos fluyendo, de que estamos vivos. Y, ya sabes, lo que se estanca... se anquilosa, se atrofia, se pudre y muere. Los fanatismos, dogmatismos, fundamentalismos, academicismos, la rutina y el miedo son siempre cosas serias, y matan. Dicho de otro modo, ¡la risa es el sonido de la vida! La risoterapia, el yoga de la risa, las bromas, hacer cosquillas, reirse en una oficina y pintarle bigotes a la Gioconda, todo ello es terapéutico, ¡sin duda! En cuanto al clown, hay que añadir algo más. Se trata también de una forma de arte, que sólo en los grandes maestros del clown (muy, muy pocos, porque es un arte muy, muy difícil) alcanza su grado más alto. Así que, cuando hacemos clown, también hay una búsqueda artística. Y desde esa búsqueda, hay una belleza, o no, que nos guía. No basta con que uno mismo se ría o le encante lo que hace. ¡El público debe reír también! Debe estar contigo y tú con él, ¡juntos en un acto de amor! (La risa es el orgasmo.) De manera que, cuando el público ríe, o cuando se emociona y se pone el vello de punta al conectar con la belleza, sabemos a ciencia cierta que hay sanación. Así, uno está prevenido frente a la autocontemplación y la autocomplacencia, que son los peligros de toda terapia y todo arte. Pero la vida es terapéutica, ¿no? ¡Vidaterapia! ¿Qué te parece? Fundemos la vidaterapia. Bueno, al final, lo único importante es darse cuenta de que la vida son unas largas vacaciones. Pues sí. ¡Estamos de vacaciones! Y lo mejor que se puede hacer en vacaciones es bailar, cantar, amar y reír, ¿no? ¡Ja, ja, ja!
Bea: Pues si fundemos Vidaterapia que al fin y al cabo es vivir libremente, sentir libremente... ser al fin y al cabo sin ningún tipo de tapujo... aunque eso de estar de vacaciones aún no lo tengo claro jajaja, bien Joaco, muchas gracias por tu punto de vista con forma de nariz roja. Pero me gustaria que nos recomendases algunas peliculas, algunos libros, algunas "cosas"... pero sobre todo que a ti te hagan sentir tu clown y hacerte reir y mover el alma.
Joaco: Podría citar muchas películas y muchos libros. Pero, en lugar de ello, voy a elegir sólamente dos que son, para mí, esenciales. La película que mejor resume la esencia del clown es, en mi opinión, "La vida es bella" de Roberto Benigni. Y un libro excelente para introducirse a la historia, la poética, la didáctica y la práctica del clown es "El clown, un navegante de las emociones" de Jesús Jara. Además, claro está, de todas las películas y todos los libros serios, sesudos y autoimportantes del mundo. De todas las personas rimbombantes, engoladas y pretenciosas. De cada uno de nuestros momentos más ridículos y más tiernos. Pues el clown está siempre ahí, a nuestro alrededor, en todas partes. Porque la vida es una payasa que juega sin cesar ante nuestros ojos y nos invita a reír con ella. Basta con mirar a un niño. Ya puede estar tocando la mayor orquesta sinfónica del mundo, que, si hay un niño jugando cerca, no le quitaremos ojo en todo el rato. ¿Por qué? Porque todo lo que hace está lleno de placer y alegría de vivir. El placer auténtico, el gozo puro de estar vivos, es la brújula que nos conduce hacia la felicidad. Basta con seguirlo, para encontrarla. Pero no es que algún día, si somos buenos, serios y esforzados, llegaremos a alcanzarla. Ocurrirá cuando menos lo esperemos. En medio de un abrazo o de una risa. De pronto, nos daremos cuenta de que nunca nos habíamos alejado de ella ni un palmo. ¡Quién nos lo iba a decir! Ahí estaba, la felicidad, simple, gratis e inagotable. ¡Ante nuestras propias narices de payaso! ¿No es para mondarse? ¡Ja, ja, ja! Muchas gracias, ha sido un gran placer compartir todo esto contigo, los lectores de Uakix... y tu payasa, ¿eh?, ¡que no creas que no la he visto! ¡Ja, ja, ja! Un placer, muchas gracias.
Joaco Martin
Clown, Creador, Director y Profesor
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