Para su segundo hijo querían prepararse bien y contar con el apoyo, la confianza y el buenhacer de una doula no sólo durante el parto sino también durante el embarazo y el postparto.Además las familias de Lara y Javier viven fuera de Barcelona y los dos tenían muy claro quequerían que su hija Cloe de 18 meses les acompañara en todo momento. Habían decididovolver al Hospital de Sant Pau, darles una nueva oportunidad y querían que yo acompañaraa Lara en toda la dilatación mientras Javier cuidaba de Cloe y si se daban las circunstanciasfavorables él entraría en el expulsivo mientras yo me hacía cargo de la pequeña. Y así me loexpresaron. Lo tenían tan claro que no tuve dudas de que así sería. Y así fue…
Hasta el final del embarazo me reuní con la familia al completo una vez al mes, me gustahacerlo con todas las familias con las que trabajo, es importante para mí crear un buen vínculoantes del parto y la mejor manera de conseguirlo es vernos a menudo. Y en este caso mássabiendo que en algún momento debería hacerme cargo de Cloe. En el octavo mes Laraexpresó su necesidad de vernos un día a solas, pues deseaba explicarme algunas cosas. Yasí lo hicimos, nos reunimos ella y yo, a solas, de mujer a mujer y desde ahí y contando con
el espacio y la contención tuvo el valor de explicarme con lágrimas en los ojos que habíasido abusada de adolescente y que la situación invasiva que vivió en el hospital la llevódirectamente a revivir la experiencia. Y que esta vez no podía volver a pasar por lo mismo.Respiré profundamente y aún hoy respiro mientras lo escribo, y entendí la profundidad de sudemanda y la importancia de mi función en todo el proceso. No intervine en la conversación,tan sólo escuché y estuve presente. Ella sabía que podía contar conmigo. Nos seguimos viendoy en ningún momento volvimos a hablar del tema.
Y llegó el día. A las tres de la tarde recibí su llamada y me dirigí a su casa. Lara estaba tranquila,cuidando de Cloe y esperando a Javier. Me senté en el sofá con la conciencia de ponerme alservicio de, de Lara, de Cloe, de la familia, de la situación, de lo que aconteciera. Javier llegó alpoco rato. Lara estaba de pie, iba de un lado a otro y de tanto en tanto me indicaba que estabateniendo una contracción, como si no pasara nada, como si me estuviera hablando del tiempo.Cada mujer es única, pensé. Yo me sentía tranquila, confiada, tenía la certeza de que todo ibaa ir bien. Y como mi máxima es ‘menos es más’, me limité a estar presente, observar, y esperara que Lara decidiera cual era el momento de ir al hospital. Y su decisión llegó pronto, conconvencimiento. Lara y yo nos fuimos primero, Javier y Cloe vendrían después. A las cuatroestábamos en el hospital dilatadas de 7 centímetros. No podíamos parar de sonreir, nuestraalegría era bien visible. 7 centímetros!! La comadrona que nos atendió era un amor, amable,tranquila y con muchas tablas. Lara le expresó su deseo de parto natural y la vio tan serenaque en seguida nos dejó a solas, casi se disculpó por ponerle la vía protocolaria. Y ahí Lara y yoa solas nos convertimos en un equipo. Conversamos sobre lo bien que nos estaba tratandotodo el personal, y la suerte que habíamos tenido (o la sincronicidad de la vida nos fuefavorable, confabuló a nuestro favor) y a partir de ahí las contracciones empezaron adesarrollarse con más intensidad. Lara buscaba las posturas favorables a la vez que hablaba yhablaba, ella manifestó su necesidad de hablar y me puse a su disposición para escucharla. Merecuerdo haciendo los mismos movimientos que ella, sentándome cuando se sentaba,poniendo de pie cuando lo hacía ella, estirando los brazos, agachándome, siempre a su ritmo,siempre bailando su danza, haciendo uso de esa herramienta terapéutica tan potente que es elrapport.
Las comadronas y enfermeras iban entrando y saliendo siempre con mucho respeto ydejándonos muchos espacios a solas. A penas interactué con ellas, siempre que entraban mehacía a un lado, discretamente, haciéndome casi invisible. Es para mí importante respetar sutrabajo.
Y las horas iban pasando… las contracciones avanzaban en intensidad y no tanto endilatación… y la cara y el cuerpo de Lara se iban transformando y su necesidad de hablar pocoa poco fue derivando hacia espacios de silencio y concentración. Todo marchaba bien peroquizás nos habíamos hecho la expectativa, al llegar de 7 centímetros, de que pronto acabaría yno fue del todo así. A las 8 de la tarde llegó a los 8 centímetros. La fase de transición fue dura,como casi todas las fases de transición. Lara empezó a decir que no podía más, como sucedetantas veces en esta fase, la mujer parece que desfallece, que pierde su fuerza, que está apunto de abandonar, se confronta cara a cara con sus propios límites y es justo ahí donde unbuen acompañamiento puede hacer que un parto sea un éxito o un fracaso. Y ahí, mirándolaa los ojos, le dije lo fuerte y valiente que era, la gran mujer y madre que era, lo bien lo estabahaciendo y lo bien que iba a ir todo, le recordé que hablara con su hijo a punto de nacer y que el final estaba ya muy muy cerca, que pronto vería su carita. En una hora la dilatación eracompleta pero el bebé aún no había bajado del todo…
La fuerza de las contracciones se sentía en el ambiente. Lara decidió sacarse el camisón,desnudarse por completo y arrancarse las cintas de monitoraje, la leona entró en acción. PeroJan no bajaba… en uno de los tactos el obstetra mencionó la posibilidad de que no estuviera enla posición correcta… Pude ver el miedo en la cara de Lara, la posibilidad de que todo acabaracomo su primer parto cruzó por su mente. Nos comunicaron que iban a romper un poco másla bolsa de aguas pues no sabían si había un pliegue o una mala posición. Lara me miró y yo lesusurré con los labios, la mirada y el alma que no se preocupara que todo saldría bien. Y se lodije con una certeza total y absoluta.
Finalmente era sólo un pliegue, gracias a la rotura de la bolsa el bebé descendió un plano más,aunque todavía quedaba más por bajar… Y Lara seguía sin sentir ganas de empujar…. Entrarondos comadronas nuevas, una de ellas, era una mujer robusta, morena de piel, su cara merecordó a una aborigen australiana, ¿de dónde había salido aquella mujer? Una vez más lasincronicidad de la vida nos la ofreció (¿o hubo un cambio de turno?). La partera cogió a Larapor la cintura y le dijo ‘apóyate en mí’. Lara, de pie, completamente desnuda, se apoyó en sushombros con todo su cuerpo y la partera le iba indicando cuando pujar y cuando parar.
Aquella mujer tenía una fortaleza antigua, tenía la fortaleza de generaciones y generacionesde parteras… era imposible que Jan no bajara. Yo estaba en un lado, sentada, absorta, mirandola danza de la Vida abriéndose paso ante mis ojos, y de repente recordé ‘Javier’! Sin dudarlo. Le dije a la comadrona que salía fuera para que entrara su marido, y casi ni me hicieron caso, salí a fuera y allí estaban Javier y Cloe. Él entró sin perder un segundo y me quedé con Cloe. Javier me contó después que el espectáculo cuando llegó fue increíble, que la cabeza de Jan ya estaba coronando y a la siguiente contracción nació. Él lo había pasado muy mal en el primerparto de su hija, se sintió como ligado de pies y manos, sin poder hacer nada, viendo a sumujer sufrir… vivir hoy el parto de esta manera, confiando en Lara, en mí y entrando justo alfinal le había reconciliado con el acto de parir y con el flujo de la vida.
Cloe se quedó comigo, tranquila, y esperamos juntas a que Javier saliera. Lo hizo alrededor delas 11 de la noche.
Jan había nacido de manera natural, Lara dio a luz con determinación, Javier se sintió útil yyo satisfecha del servicio prestado a toda una familia y de formar parte de un parto humano,consciente y ante todo reparador de heridas pasadas.

Mónica Manso
Doula y Terapeuta Gestalt especializada en
concepción, embarazo, parto y posparto.
Telf. 630917545
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Nota: Este relato está publicado con el consentimiento de las personas que aparecen en él.Sus nombres han sido cambiados para mantener el anonimato. Desde aquí mis más sincerasgracias por escogerme como doula.


