Transformar la economía

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El crecimiento desmesurado de la economía financiera está desestabilizando nuestro sistema cultural, social y económico, de tal manera que estamos poniendo en riesgo nuestra propia supervivencia como especie. Si deseamos enderezar el rumbo de nuestro progreso es necesario modificar las decisiones individuales que tomamos a la hora de utilizar nuestro dinero. Uno de los cambios fundamentales que tenemos que hacer consiste en tomar conciencia del significado que tiene y del uso que hacemos de él. La nueva economía tiene que basarse en el trabajo, no en la especulación; y, para eso las personas debemos individualmente descubrir nuestros talentos y relacionarlos con las necesidades de otras personas. El valor que le damos a las cosas debe basarse en la relación económica que creamos al adquirirlas y en el conocimiento en profundidad de nuestras necesidades reales.

Neale Donald sostiene que es importante que apostemos por la trasparencia financiera, con el objetivo de mejorar la competencia y favorecer el comercio justo; si todo el mundo conociera la relación costo-beneficio de los productos que se venden, la especulación disminuiría y la economía se acercaría a la necesidad de satisfacer el interés colectivo: lo importante es que los consumidores elijamos libremente nuestras compras, animados desde la conciencia de repercutir en el bienestar de otras personas y no solo en nuestro propio beneficio. En este momento nos da miedo funcionar desde la verdad, pues pensamos que si decimos lo que tenemos o lo que ganamos alguien querrá arrebatárnoslo; sin embargo, cuando todo el mundo tiene una vida digna y la oportunidad de crecer, nadie desea lo que otra persona posee. La razón por la que no se ha resuelto el problema del hambre y la miseria en el mundo (y de paso el obstáculo medioambiental), reside en que los poderosos tienen miedo de darle a los pobres la libertad y la interdependencia económica; temen que se vuelva en su contra pues consideran que una vez alcanzada la autonomía desearán lo que ellos poseen1; en España hay un dicho muy ilustrativo de este recelo: “por la caridad entra la peste”.

El crecimiento continuo de una banca ética en el mundo augura una compensación a los movimientos especulativos que financian actividades destructivas basadas en el miedo. Estamos acostumbrados a depositar nuestro dinero en el banco y a solicitar un interés lo más alto posible, sin preguntarnos por el destino de ese dinero2; no hemos tomado conciencia aún de que nuestros ahorros sirven para financiar empresas que fabrican armas y producen guerras, explotan a niños en el tercer mundo, intentan apropiarse de la biodiversidad del planeta, destruyen las masas forestales, contaminan las aguas y un largo etcétera3. La banca ética se inspira en los principios de un modelo de desarrollo humano y social sostenible, gestiona las reservas financieras de familias, individuos y organizaciones, respetando la dignidad humana y el medio ambiente; y, es completamente transparente: en lugar de especular aspira a reformar los valores sobre los que se sustenta el sistema financiero tradicional.

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Echemos un vistazo a las ideas actuales sobre las que la economía basa su validez como forma de organización social: se sustentan en las teorías de Adam Smith que afirmaba que en el mercado económico había una “mano invisible” que regulaba las transacciones comerciales, equilibrando los factores de producción y dando como resultado la igualdad social. Las ideas de Adam Smith estaban ancladas en el paradigma mecanicista; la búsqueda de la racionalidad, que tantos éxitos había cosechado en la ciencia natural de la mano de Isaac Newton, se intentó aplicar a la ciencia económica para encontrar un sistema lógico y coherente basado en relaciones causales4. Apoyándose en el principio de la armonía universal, Adam Smith presuponía que la naturaleza humana era invariable y que el fundamento del comportamiento social era la empatía. En palabras de Adam Smith5:

“Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común (…) pero en este y otros muchos casos es dirigido como por una mano invisible a promover un fin que nunca tuvo parte en su intención (…) el empleo más útil a la sociedad como tal”.

Es muy posible que Adam Smith tuviera razón en su segunda premisa, la naturaleza del ser humano es en esencia bondadosa; pero, se equivocaba en la primera: no es inmutable. La prueba de ello es que después de 250 años la “mano invisible” se ha convertido en un brazo financiero armado con la más poderosa tecnología, generando así un poder descontrolado y dirigido por una de las fuerzas más destructivas del momento: la codicia.

Desde la perspectiva del desarrollo personal, la permanente sensación de insatisfacción que tenemos en la sociedad de consumo es una consecuencia del miedo al abandono, a no disponer de lo suficiente. Cuando las personas aprenden a metabolizar su propia energía se percatan de que el afán de atesorar cosas no garantiza la estabilidad; entonces la codicia se sustituye por un sentimiento de satisfacción más permanente y el equilibrio se busca en otras dimensiones de la vida, tales como las relaciones humanas, la expresión creativa, el cuidado o la enseñanza de otras personas… La naturaleza del ser humano es, en mi opinión, esencialmente positiva, pero la forma en que esa esencia se muestra a través de la conducta presenta numerosas distorsiones; esos malos funcionamientos se pueden corregir y las personas pueden cambiar su percepción sobre la realidad: cuando esto sucede la realidad misma se transforma.

 

1 Neale Donald Walsch. Conversaciones con Dios II. Ed. Gibralgi Mondadori. Barcelona. 2000

2 Joan Antoni Melé. Dinero y Conciencia ¿A quién sirve mi dinero?. Plataforma Editorial. Barcelona. 2009

3 Klaus Werner y Hans Weiss. El libro negro de las marcas. El lado oscuro de las empresas globales. Editorial Debate. Barcelona. 2004.

4 Miguel Artola. Textos fundamentales para la Historia. Ed. Alianza Universidad. Madrid. 1968

5 Adam. Smith: La Riqueza de las naciones. 1776. Alianza Editorial. Madrid. Año de la edición. 2002.

Por Javier Revuelta
Escuela de Desarrollo Personal.

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