Pero ¿cómo podemos fomentar el Talento para ser feliz del niño cuando no hemos sabido encontrar el propio?
Todos venimos condicionados por patrones emocionales conscientes e inconscientes heredados de nuestros propios padres y del entorno, que conforman nuestra manera de sentir y vivir, de ahí ese porcentaje tan alto de la “carga genética”.
Hemos recibido muy poca formación con respecto a las emociones y no estamos habituados a reflexionar sobre ellas. Por el contrario, hemos sido entrenados para ser más razonables y estar controlados incluso en el entorno familiar.
Desde siempre mantenemos en nuestro interior un diálogo interno entre los dos aspectos de nosotros mismos, que se formaron en nuestros primeros años de vida. Supone la contraposición constante entre nuestro pensamiento y sentimiento, nuestros valores y deseos, nuestras obligaciones y necesidades.
Como consecuencia, nos hemos convertido en seres angustiados y divididos, extremadamente críticos tanto con nosotros mismos como con los demás.
La buena noticia es que gracias a la maravillosa plasticidad de nuestro cerebro, es posible a cualquier edad, aprender a reconocer y tener en cuenta tanto nuestras emociones como las de las demás para mejorar la calidad de nuestras relaciones y de vida.
Normalmente se les da a los padres una serie de consejos para evitar el mal comportamiento del niño, pero no se presta atención a las emociones y sentimientos que hay detrás de sus actos.
Se trata de encontrar el Talento para ser feliz de todos los miembros de la familia a un tiempo, ya que como sugería Charles Swindoll
“ Cada día de nuestra vida hacemos depósitos en el banco de memoria de nuestros hijos”.
La idea es crear en casa el ambiente propicio para mejorar la
Inteligencia Emocional de todos: comprender las señales emocionales propias y de los demás, aprender a enfrentar los cambios, mejorar la habilidad para controlar los impulsos, relajarse, potenciar las emociones positivas.
¿Qué cómo se puede empezar? Estos consejos te sirven para relacionarte mejor tanto con tu hijo, como con tu pareja, tus compañeros…
. Ten siempre presente que todas las experiencias con una carga emocional importante provocan un almacenamiento privilegiado en nuestra memoria y, por tanto, influirán en el aprendizaje tanto positiva como negativamente. 
. Respeta sus emociones: tiene derecho a estar triste o enfadado, lo importante es que no le acabe desbordando la emoción
. Escucha siempre con atención y respeto sus temores, aunque no estés de acuerdo. Después de escucharle anímale a que por lo menos intente lo que le agobia.
. Evita siempre las etiquetas y comparaciones, lo ideal es tratarle haciéndole sentir que es una persona única.
. Hazle participar en las decisiones, se sentirá más seguro de sí mismo.
. Señálale lo mucho que ha avanzado desde la vez anterior, ya que si son cambios pequeños puede que él no los perciba.
. Enséñale a colaborar en lugar de competir.
. No le resuelvas todos los problemas, guíale para descubrir una estrategia efectiva en la que antes no había pensado.
. No permitas que hable negativamente de sí mismo ni de sus capacidades. Si piensa que fracasará lo más probable es que sea así.
. Si te has mantenido una conducta agresiva con él, no basta con ser amable después. Sólo conseguirás cambiar su actitud, reeditando la escena grabada, entrando en su mundo al reconocer tu error.
. Intenta darle una imagen de calidad de tu personalidad
. Dedica al menos unos minutos al día a cada uno de tus hijos por separado, para que puedan sentirse especiales por ser ellos mismos.
. Enséñale a mantener una buena HIGIENE MENTAL:
◦ Desarrollando su capacidad crítica, para poder elegir y filtrar los estímulos estresantes con los que se encuentre
◦ Intentando RECORDAR LO POSITIVO y REEDITAR LO NEGATIVO, con un cambio de perspectiva (relativizando lo malo…)
◦ Perdonando, para no irse con el enemigo a la cama.
◦ Recordando que los problemas si son solucionables tenemos que buscar cómo resolverlos y si no debemos aceptar nuestras limitaciones
◦ Ayúdale a relajarse, hacerse afirmaciones positivas sobre sí mismo y a visualizar el éxito.
El otro día leí una frase de Hodding Carter que resume de una manera preciosa lo que trato de transmitir:
“Hay dos legados perdurables que podemos transmitir a nuestros hijos: uno son raíces, el otro son alas.”
Deseo de corazón que consigáis tanto para vosotros como para vuestros hijos, RAICES Y ALAS MUY FUERTES.
Directora de Norte Vital Coaching y Formación



