Vivimos en una sociedad compleja. El éxito y nuestra felicidad dependen del apoyo de los demás. ¿Qué podemos hacer para estar y sentirnos bien con la gente que nos rodea?
La respuesta es muy sencilla: Pensar y sentir positivamente sobre los demás. Sólo así los otros se sentirán a gusto y te apoyarán. Por ejemplo, al considerar a una persona para un puesto de trabajo importante, dos amplios factores saltan a la vista: los antecedentes técnicos individuales revelados por su entrenamiento y experiencia; y su
personalidad, su capacidad para llevarse bien con las personas. En 9 de cada 10 casos, el factor “don de gentes” es la primera cosa mencionada, y muchas más veces ese factor es de mucho más peso que los antecedentes técnicos.
Conviene recordar que ninguna persona es buena del todo ni mala del todo, la persona exactamente perfecta no existe. Pero si dejamos nuestros pensamientos y sentimientos incontrolados, podemos encontrar mucho desagrado en casi todo el mundo. La causa oculta de eso es que tenemos heridas y resentimientos pendientes de sanar. Y la solución se llama Perdón.
Perdonar significa el dejar partir de dentro de nosotros una emoción negativa que nos está haciendo daño. Es decir, como si no fuera ya suficiente todo el daño u ofensa sufrida por nosotros por medio de otra persona, una vez ocurrido seguimos dándoles vueltas en nuestro interior, malgastando nuestra energía en una persona que probablemente ni siquiera merezca la pena y posiblemente ya no tenga interés en nosotros.
El deseo de venganza es además un signo de debilidad, baja autoestima e inmadurez emocional. Las personas que malgastan sus vidas y energías imaginando cosas para vengarse de otras es porque aún no han encontrado las claves de la enorme sabiduría que encierra el saber perdonar.
En primer lugar, cada vez que perdonamos, nos hacemos un favor a nosotros mismos, ya que nos estamos liberando de una emoción autodestructiva interna que si hace crónica nos puede llevar a la enfermedad e incluso a la muerte. Conviene recordar que nadie puede destruirte salvo tú, nadie puede salvarte excepto tú. La transformación solamente ocurre cuando pones toda tu energía en ello. Por ejemplo cuando te insultan…
Si te insultaron y te sentiste insultado, fue responsabilidad tuya. No digas que alguien te insultó. ¿Por qué aceptaste el insulto? Nadie puede obligarte a aceptarlo. El otro tiene la libertad de insultarte, pero tú tienes la de aceptar o no el insulto. Si lo aceptas, entonces es tu responsabilidad. Limítate a decir: " No era consciente; en la inconsciencia lo acepté y eso me perturbó".
Alguien te insulta. Pero el insulto no tiene ningún sentido hasta que lo aceptas. Es algo insignificante, es sólo ruido, pero no tiene nada que ver contigo. Así que de hecho nadie puede insultarte a menos que lo tomes para ti, a menos que cooperes con él. Alguien una vez dijo: “La manera más elegante de hacer a un insulto es ignorarlo, sino puedes ignorarlo, tratar de superarlo y si tampoco puedes superarlo, es que probablemente lo mereces”.
Acepta sólo lo que te hace sentirte bien. ¿Para qué aceptar veneno? Alguien trae una taza llena de veneno y quiere regalártela. Y tú le dices:
"Muchas gracias, pero no lo necesito. Si alguna vez quiero suicidarme se lo pediré, pero ahora mismo quiero vivir". No hay necesidad, sólo porque alguien te traiga veneno no es necesario que lo bebas. Puedes decir:"Gracias, pero eso no tiene que ver conmigo”.
“La persona que no perdona, destruye un puente sobre el que un día tendrá que pasar ella misma”. Tony de Mello
Reconocer el hecho de que ninguna persona es perfecta. Unos están más cerca que otros de la perfección, pero nadie es perfecto. Comprender y aceptar que los seres humanos pueden cometer errores, toda clase de ellos, es la clave para poder integrarles y perdonarles.
¿Cómo se hace para perdonar? Lo más importante es empezar a vivir en el presente. A menos que empieces a vivir en el presente, no serás capaz de olvidar y perdonar el pasado. No te recomiendo que olvides y perdones todo lo que te ha ocurrido en el pasado; no te lo aconsejo. Lo único que hace falta es: vivir en el presente. Y eso se logra viviendo con consciencia y para ello la práctica de la meditación es una gran ayuda para detener el incesante flujo de pensamientos.
La consciencia sólo sabe del presente. La consciencia no sabe del pasado ni del futuro; sólo tiene un tiempo verbal: el presente. Sé consciente, y a medida que vayas disfrutando del presente, a medida que sientas la dicha de estar en el presente, dejas de caer en el mayor error que comete casi todo el mundo. Dejarás de volver al pasado.
No tendrás que olvidar y perdonar; eso desaparecerá sin más, sucederá sin más. Te sorprenderá. ¿A dónde ha ido a parar todo eso? Y en cuanto deja de existir el pasado, también desaparece el futuro, porque el futuro no es sino una proyección del pasado.
“He decidido apostar por el amor. El odio es una carga demasiado pesada”. Martin Luther King
Director de grupos Desarrollo Personal y Trainer de BioPerson
Formador de Instructores de Meditaciones Activas y Terapeutas
Consultas de Orientación Personal, Pareja, Familia: Presencial y On-Line

Jairo Kalpa

