"Al que juró hasta que ya nadie confío en él; mintió tanto que ya nadie le cree; y pide prestado sin que nadie le dé; le conviene irse a donde nadie lo conozca." Ralph W. Emerson

El perdón: Cuando se trata de ti

por Teresa Alcázar 1 comentario
Valora este articulo
(2 votos)

Siempre hemos visto la complejidad del perdón.

Normalmente pensamos que perdonamos fácilmente, apoyados y presionados por una sociedad que valora lo bien visto que es “ser bueno”.

Sin embargo, con el día a día, descubrimos que a veces ser bueno se transforma en sentirnos tontos y el perdón ofrecido, al final, se convierte en trazos de resentimiento quizás algo ocultos.Y al final, nos quedamos escondidos tras una capa de protección sin darnos cuenta que cada uno de ese trazos de resentimiento, nos daña y no nos permite crecer ligeros, libres.

Perdonar completamente, al 100 %, sin residuos o posos en nuestra alma, es terriblemente difícil. Principalmente, porque el perdonar sana heridas y las heridas, al principio, duelen.

Sin embargo aún con dolor, al final, cuando respiramos, cuando empatizamos, perdonamos.

Pero ¿y cuándo se trata de nosotros mismos?

En ese caso podemos multiplicar la dificultad por valores desconocidos. Porque hemos aprendido a ser nuestros peores jueces y el perdón es una recompensa que, a menudo, sentimos y creemos no merecer.

Nos hemos pasado tanto tiempo limitándonos que ya no distinguimos cuánto amor merecemos, ni mucho menos cuán únicos somos,

Nos cuesta valorar, en su justa medida, el poder curativo de perdonarnos, siendo conscientes que el crecimiento personal pasa muchas veces por equivocarse y que, a veces, dañamos sin proponerlo. El peso generado por nuestro sentimiento de culpa, por las infravaloración hacia el no merecer, por el miedo, no nos permite andar, caminar con fluidez en la vida y terminamos enfermando, tanto física como psicológicamente, por agotamiento.

Ser consciente de nuestro posible error, ser consciente de que quizá ese error era necesario para tu propio crecimiento e incluso para el crecimiento de la/s persona/s afectadas; comenzar a ver sin el velo de la culpabilidad, nos permitirá alcanzar un perdón sincero hacia nosotros mismos y, sin ese peso, poder afrontar nuestra vida con más energía, con optimismo y respirando cada momento. Y en ese momento sentiremos que el vacío dejado por la culpabilidad, por el peso llevado, se llena de un amor sereno y de un maravilloso silencio.

Porque sólo existe una forma de conocer la vida y es vivirla y para ello, siempre, nos equivocaremos para aprender y nos perdonaremos para amar.

 

Teresa Alcázar

1 comentario

  • David Sacristan

    No me sorprende el buen articulo que has escrito Teresa!!! Formidable. Besitos.

    Me quedo con:
    Nos hemos pasado tanto tiempo limitándonos que ya no distinguimos cuánto amor merecemos, ni mucho menos cuán únicos somos.
    y con:
    Porque sólo existe una forma de conocer la vida y es vivirla y para ello, siempre, nos equivocaremos para aprender y nos perdonaremos para amar.

    Viernes, 27 de Mayo de 2011 15:00 Publicado por David Sacristan Enlace comentario

Dejar comentario

Los campos marcados con (*) son requeridos
Puedes utilizar HTML básico.

Últimas Revistas