Según Heinz Leymann el mobbing: «Una persona un grupo de personas ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente (como media una vez por semana) y durante un periodo prolongado (como media 6 meses) sobre otra persona o personas, respecto de las que mantiene una relación asimétrica de poder, en el lugar de trabajo, con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente esa persona o personas acaben abandonando el puesto de trabajo..». Se podría calificar como una guerra psicológica.
Sería interesante investigar si la crisis económica que estamos sufriendo ha contribuido a que se legitimen muchas prácticas de dudosa ética moral en los centros de trabajo. En los últimos años, las condiciones laborales se han vuelto más precarias, y esto conlleva a que muchos de nosotros vivamos en «modus supervivencia».
Si nos remitimos a la teoría de la Jerarquía de las Necesidades de Maslow muchos de nosotros estamos en la base de su pirámide dado que, las oportunidades que nos brinda el mercado laboral solo nos permiten satisfacer nuestras necesidades básicas, es decir, pagar la hipoteca y satisfacer otras necesidades como la alimentación. Si nos remitimos al sistema de Chakras que explica los centros energéticos de nuestro cuerpo nos encontramos dentro de los tres primeros habida cuenta de que, tenemos que pelear para poder sobrevivir y tener cierta seguridad.
En algunos casos, la imposibilidad de satisfacer nuestras necesidades más elementales y el miedo a perder nuestra estabilidad laboral nos lleva a perder nuestros valores morales y a comportarnos de forma poco ética para defender nuestros puestos de trabajo. Nos podemos ver reflejados en algunos programas de televisión donde «todo vale» y trasladar estos comportamientos al mundo laboral.
Aplicando la segunda Ley de Hermes Trimegisto (el Kybalion), «como es arriba es abajo», los trabajos son un reflejo a pequeña escala de la sociedad.
El hecho de que en algunos trabajos las jornadas sobrepasen las horas estipuladas por la ley contribuye a que muchos de nosotros no podamos disfrutar de nuestro tiempo libre y esto tiene como consecuencia la falta de una vida emocional plena.
Para superar los abusos laborales es preciso que en primer lugar, reconozcamos nuestra situación escuchándonos a nosotros mismos. Vivimos separados de nuestros sentimientos y de las necesidades que éstos encubren. Si no somos conscientes de que nuestros derechos están siendo vulnerados seremos incapaces de defenderlos.
Por otro lado, debemos cuestionar las creencias que tenemos relacionadas con el trabajo. El trabajo no implica sufrir vejaciones a cambio de un salario a final de mes. El trabajo es un medio que nos sirve para sobrevivir y para desarrollarnos como personas y poner en marcha nuestros talentos. Somos seres humanos con derecho a evolucionar y a prosperar. No podemos mantenernos toda la vida como «meros sobrevivientes». Como sociedad debemos luchar por el reconocimiento de nuestros derechos para descubrir nuestras necesidades, hacer peticiones precisas, poner límites y en última instancia acudir a los tribunales de justicia.
Es legítimo ascender algunos niveles de la pirámide de Maslow y cubrir otras necesidades como la del reconocimiento. Es decir, sentirnos apreciados por nuestra familia y nuestros amigos, destacar en las actividades que nos gustan, autovalorarnos, respetarnos y tener vida propia. En definitiva, para prevenir una situación de Mobbing, debemos valorar todas estas reflexiones y evaluar la posibilidad de obtener ayuda profesional desde el primer momento en que notemos que nuestros derechos están siendo vulnerados a través de estas actitudes perjudiciales. Aboguemos por el uso de un lenguaje asertivo sin recurrir a la violencia como mecanismo de solución de estos conflictos.


