Al mismo tiempo, hay madres y padres que se enfrentan al maestro si se enteran que éste ha reñido o castigado a su hijo, con lo que le desautorizan totalmente. Es una falta de coherencia.
Según el diccionario educar significa formar, enseñar e instruir a los niños, y también a los adultos, para conseguir el desarrollo integral de su personalidad. Por lo tanto, educar no es una simple transmisión de conocimientos. Educar es una tarea que se centra en la formación de la persona como tal, en el aprendizaje de unos hábitos, de unos valores y de una forma de pensar.
LA ESCUELA NO PUEDE SUSTITUIR A LA FAMILIA
Pensemos, ¿cómo puede un maestro sustituir el papel de los padres cuando tiene a su cargo un grupo de unos 25 niños? Una cosa es formar e instruir, y otra muy distinta, la transmisión de valores y la formación como personas. Esto último requiere mucho más tiempo y dedicación personalizada. Aunque estos aspectos se trabajen en la escuela, no puede recaer toda la responsabilidad sobre el maestro.
Los primeros interesados en que esto se haga bien y de acuerdo con sus criterios deberían ser los padres.
Los niños hacen lo que ven, no lo que les decimos que deben hacer. Y lo que ven en casa es lo "normal", lo que ellos entienden que es correcto. Porque lo que se hace en casa se repite día tras día y lo que se hace en la escuela se hace por un tiempo limitado. Además, la persona de referencia en la escuela, el maestro, cambia cada año, mientras que en casa las personas de referencia, los modelos a seguir, son siempre los mismos. Con los padres hay vínculos afectivos que hacen que lo que ellos enseñan tenga mucho más valor. Todo lo que se aprende junto con un impacto emocional deja una huella mucho más profunda en nuestro cerebro y queda grabado por más tiempo que una simple orden.
PREDICAR CON EL EJEMPLO
Debemos pensar cómo les queremos educar. ¿Qué valores les queremos transmitir? ¿Qué hábitos? Si vamos tomando decisiones sobre la marcha, sin una visión a largo plazo, podemos acabar haciendo cualquier cosa, en función de cómo nos haya ido el día en el trabajo o de cómo de cansados estemos. Hábitos como hacer deporte, comer equilibradamente, hablar con educación o valores como la responsabilidad, la perseverancia, el esfuerzo, el amor por la naturaleza, el gusto por la lectura o la música, la solidaridad o la confianza en uno mismo se aprenden a través de la experiencia. Sí que se pueden trabajar estos aspectos de forma puntual en la escuela, pero si no hay una continuidad en casa, este trabajo caerá en saco roto.
Por mucho que en la escuela les digan que tienen que coger bien los cubiertos, si en casa no lo hacemos, eso
será lo que aprenderán. Por muchos programas que se hagan en la escuela para fomentar la lectura, si en casa nos ven nunca leyendo un libro, no le darán ninguna importancia. Si queremos que adquieran el hábito de comer verduras y hacer una dieta equilibrada, no podemos dejarlo en manos de la escuela. Es necesario que en casa hagamos una dieta equilibrada, de modo que ésta se convierta en la forma "normal" de comer para ellos.
Si queremos que sean amantes de la música, no basta con comprarles un violín y apuntarles a clases para aprender a tocarlo. Es necesario que en casa escuchamos música y que vayamos con ellos a conciertos. Que la música se convierta en una actividad más de la familia. No sólo una ocupación que les buscamos porque no tenemos tiempo de estar con ellos por las tardes o un deseo de que hagan lo que no pudimos hacer nosotros cuando éramos pequeños.
Tiene que haber una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, entre lo que les decimos que hagan y lo que los padres hacemos. En definitiva, hay que predicar con el ejemplo.
EL FUTURO DEPENDE DE LA EDUCACIÓN
Si hay alguna forma de cambiar el mundo en el que vivimos, ésta es la educación.
La manera como sean y piensen los niños y niñas de hoy determinará cómo será el mundo de mañana. Por lo tanto, es necesario que nos tomemos en serio la educación de nuestros hijos, que tomemos conciencia de cómo lo queremos hacer y que le dediquemos tiempo y esfuerzo. Debemos convertirlo en una prioridad.
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