Aprender a Perdonar (Primero tendríamos que hablar de aprender a perdonarse a uno mismo)

0

Buenos Aires, 4 de julio de 2014, por Daniel Ferminades

¿Cómo se hace para aprender a perdonar?

Primero tendríamos que hablar de aprender a perdonarse a uno mismo. Entiendo que para aprender a perdonarse, uno tendría que tomar conciencia de lo que ha hecho y de las consecuencias para la vida de uno y para la salud, el equilibrio, y la armonía en la relación con los demás.

Toda esta comprensión del alcance de lo que cada uno de nosotros hacemos, nos ayuda a tomar conciencia. El tomar conciencia y el tener las cosas en claro, nos ayuda a decidir si queremos seguir actuando así o tenemos que cambiar algo en nuestra vida. Si vamos a decidir cambiar, tenemos que prestar mucha atención a lo que hacemos para no volver a cometer el mismo error. Al producir un cambio y comprometernos con él, podremos encontrar alivio sobre lo que hemos hecho. Si no, siempre cargaremos con culpa y difícilmente podremos llegar a perdonarnos.

El tomar conciencia y el tener las cosas en claro, nos ayuda a decidir si queremos seguir actuando así o tenemos que cambiar algo en nuestra vida.

Si no podemos perdonar lo que hemos hecho, o consideramos que no tenemos nada que perdonar, porque no hemos hecho nada que ocasione daño, no tenemos mucha noción de lo que es el perdón o de lo que es perdonar. Yo puedo llegar a perdonar, o puedo pensar en perdonar, a una persona cuando entiendo que no sabe lo que hace. Hay personas que se organizan para hacer las cosas de tal manera, para obtener lo que quieren, aunque dañen a otros. En realidad, en lo profundo no saben lo que hacen. Y si bien es el otro el que en un lamento expresa su dolor, primeramente quien se ha dañado y sale herido es el que generó esa situación.

El que hiere, el que causa dolor es quien más sufre. Si no toma conciencia de lo que está generando, difícilmente vaya a tener claridad del daño que ocasiona lo que hace, porque tan sólo va detrás de lo que quiere.

Para perdonar uno tiene que perdonarse a sí mismo. Tiene que comprender que asumió una responsabilidad a la hora de tomar conciencia de lo que ha hecho y no debe volver a realizarlo. Para eso, hay que estar constantemente atentos a no caer otra vez en la tentación de buscar nuestra debilidad, y salir desde allí al encuentro del otro. Tenemos que hacernos fuertes en el Amor y considerar desde el Amor a todos los demás. Así vamos acercándonos a comprender y a vivir dentro de lo que es la compasión, que es considerar a toda forma de vida como uno considera la propia.

No estamos tan sólo en este mundo para obtener las cosas que queremos para nosotros, sino para buscar lo que necesitamos para ir superándonos, y precisamente esto que vamos alcanzando es lo que tenemos para compartir con los demás, que están en ese camino de superación.

El sentimiento de culpa y no encontrar el perdón es una carga grande, porque lo hecho no se puede cambiar. Si bien no puedo cambiar lo que he hecho, puedo cambiar a la hora de comprometerme para dejar de hacerlo.

Si pido Luz al Cielo, como dice el Padre, lo que recibiré es trabajo. Y el trabajo está, por ejemplo, en poner más atención a lo que hago y no dejar que los impulsos de mi naturaleza salgan sin control. Tenemos una naturaleza humana, tenemos una naturaleza divina, pero la humana es la que normalmente nos gobierna. Es a través de la cual nos resulta más fácil relacionarnos con los demás. Entonces, como es lo más fácil, tendemos a tomar ese camino que parecería ser el más corto o el más fácil de transitar.

Jesús mostró, cuando estuvo en la Tierra, que no es fácil el camino del Amor por este mundo. Decidir seguir esos pasos no es tan fácil. En esta era, en la que los Cielos se han comunicado con los hombres, para transmitir conocimientos que estuvieron prohibidos o fuera del alcance de la humanidad, muchos han tomado el camino del facilisimo y han utilizado lo que el Cielo entrega, brinda y ofrece, para mejorar su vida tratando de hacer el menor trabajo posible, y no es así. Yo me gano el pan con el sudor de mi frente, tengo que trabajar. Las palabras que brotan de la boca de Dios son el alimento de mi espíritu, y eso está siempre, porque es un compromiso que el Padre decidió asumir cuando nos engendró por Amor, y por Amor eternamente nos ha de acompañar. Pero nosotros tenemos que comprometernos con la parte más humana -que es la que nos corresponde- para poder como espíritus, encontrar vehículos de expresión que sean puros, equilibrados, que estén sanos, alineados. Para que a través de este alineamiento, el ser o el Padre, pueda llegar a nuestra vida y sea clara Su Voluntad. Él no quiere el mal para nadie, no quiere dolor para nadie, Él no quiere que exista un infierno, nosotros con nuestro gran egoísmo generamos estas situaciones, que son de dolor y de peso y podemos, de esa manera, sostener la existencia de un infierno; pero de un infierno de padecimiento, de sufrimiento por el paso de los días, de la vida y de las vidas en ese dolor, que se sostiene y se prolonga por nuestra inconsciencia. En mi camino, lo que me tiene que llevar adelante, lo que me tiene que guiar, es la Luz de Dios. La Luz de Dios siempre me lleva a ver con Amor todo lo creado, desde mi propia vida, hacia todo lo que me rodea.

Cuando observo con Amor dejo de ocasionar dolor, no sólo a mi vida, sino también a los demás.

Entonces ya no tendré de qué arrepentirme. Si veo con Amor la vida de los demás y veo que hay quienes hacen cosas que hieren o me hieren, sé que no saben lo que hacen, porque nadie, como hijo de Dios, tiene la intención de ocasionar daño. Lo que pasa es que la mayor parte de la gente ignora esa realidad espiritual, o la conoce intelectualmente. Hoy más que nunca, hay personas que conocen a Dios porque tienen creencias de su existencia. La gente dice “creo en Dios”, no pueden afirmar o asegurar. Afirman que creen, están buscando a alguien desde una creencia. Eso crea confusión, y si estamos confundidos, podemos equivocarnos y también terminar perdiendo el tiempo, y la realidad es que nuestro camino es el que tenemos que transitar a diario, en la situación que nos toque estar: puede ser en una pareja, en el compromiso que asumimos al traer hijos al mundo, que deben venir por Amor. El Amor debe invocarlos, entonces con Amor hay que acompañarlos, porque son el propio Amor manifiesto de la pareja que toma forma. Toda situación debe ser llevada adelante con Amor.

Aunque a nosotros a veces no nos guste enfrentar problemas, el problema trae un regalo para el espíritu, que es una respuesta, una solución.

Regalo en cuanto a lo valioso que es lo que podemos extraer de ese problema. Por supuesto que al obtener la solución hemos podido resolverlo, así que no nos aquejará más. La solución será lo que tenemos para compartir si vamos a vivir en función de ese Amor, el Amor es servicio, el Amor es compartir. Una cosa es compartir lo que pienso, que en realidad no tengo bien en claro si es así, y otra cosa compartir lo que he ido consiguiendo, que eso sí es algo que puedo entregar. Cuando uno vive lo que piensa y lo vuelve un hecho, encuentra las palabras para poder expresarlo, porque lo está viviendo y sabe de qué habla. Cuando uno tiene que hablar de lo que cree, o de lo que otros dicen, tiene que ver qué palabras utiliza para que se pueda entender lo que se está que- riendo decir, sin tener plena Conciencia. Uno no irradia en función de lo que habla, porque lo que habla es intelectual y no es encarnado en el Corazón, entonces no está esa irradiación amorosa que acompaña a la palabra o que la palabra la va acompañando, porque la irradiación llega a ser captada y percibida por todos los corazones, cuando es pura del corazón. Como no todos lo distinguen o reconocen como algo de valor para su persona o para su espíritu, se generan, muchas veces, diferencias entre nosotros por no entender de la misma manera lo que estamos tratando. Esto nos ocasiona dolor y tenemos que aprender a vivir con ese dolor y ahí surge lo que es el perdonar.

Perdonar, como decía Jesús, es ofrecer la otra mejilla setenta veces siete. Esto fue como decir “todas las veces que sea necesario”. Cuando alguien hace algo que no corresponde y está fuera de la ley, seguramente no tiene conciencia de lo que hace. El responsable es aquel que lo genera. Él es responsable del dolor que ocasiona a otros, por eso ha de pagar con la oscuridad que se está generando. No es que el Padre busque la oscuridad y el padecimiento de las personas, sino que uno al atender tan sólo sus egoísmos, queda en la oscuridad y no busca o se aleja de la Luz, entonces cae en más confusión. Para evitar esta confusión o para ayudar a salir de ella, hace falta que se acerque a nosotros alguien, que con su Luz llegue a nuestra vida y nos ayude a ver con más claridad lo que nos está pasando. Si no hay humildad, difícilmente podamos recibir lo que nos traen, porque pensamos que tuvimos un motivo por el cual hicimos lo que hicimos. Tenemos un justificativo para todo lo que hacemos o, por lo menos, para muchas cosas que hacemos mal. Hay que cambiar muchas cosas en nuestra vida para poder llegar a poner esa otra mejilla, para aprender lo que es perdonar.

Todo esto tiene que ver con tener en claro que ningún espíritu viene a este mundo a dañar, ni a hacer nada que sea de mal para nadie y menos aún para sí mismo. Pero el mal que hacemos, que nos puede dañar en espíritu, oscurece nuestra mente, oscurece nuestro Corazón y los pensamientos ya no son claros.

Tener en claro estas cosas puede ser más o menos fácil. Pero cuando nos invade el desequilibrio y estamos en una situación en la cual nos molestamos con otra persona y reaccionamos, es difícil recordar que no se deben hacer las cosas de esa manera, pero ya caímos. Entramos en ese terreno dentro del cual nos invade nuestra personalidad, el ego, entonces vemos todo oscuro y así el ego proyecta lo que es su propósito, que es hacer justicia o buscar venganza para que yo me sienta bien y en paz.

Ahora, cuando estoy juzgando a la otra persona sin considerar que no sabe lo que hace, no me doy la oportunidad de poner Amor. No es cuestión de esperar a que aparezca la situación que me demande poner Amor, sino que se trata de vivir pensando todo en función del Amor. Todo lo que tengo que hacer a diario, trabajo, familia, amistades, ambientes, todo tengo que hacerlo con Amor.

El Amor es la fortaleza del espíritu.

En el mundo pareciera ser que es la debilidad de la carne porque muchas veces, más allá del Amor material que podemos entender, la gente dice que se puede hacer el Amor. El Amor nace en nosotros, no se puede hacer en un momento. Nace y crece en nosotros, en la medida en que estamos haciendo el esfuerzo por ponerlo de manifiesto en nuestra obra, aún frente a las situaciones que nos desagrada tener que tratar. La vida es un trabajo, no es algo que tan sólo pasa y que el Cielo nos ha regalado. Es un trabajo que tenemos que llevar adelante eternamente. Digo eternamente porque hoy hay muchas personas pasando por este mundo de tres dimensiones, pero más allá de todo esto que se ve hay mucho más, y hacia allí se encamina todo espíritu, es un retorno hacia su Padre. Y lo que religa a todo espíritu con su Padre es el Amor, porque por Amor vinimos a la existencia.

Ese camino de Amor es el que tenemos que recorrer en retorno hacia Él. Pero recorrer ese camino es una elección nuestra, por eso es que tenemos libre albedrío. Tenemos que elegir recorrer ese camino, pero al elegir recorrerlo tiene que ser un camino y una vida de compromisos. Asumir que tenemos una responsabilidad y que tenemos que estar dispuestos, con osadía, a encarar lo que se presente. Ser osados no significa salir a batallar con nadie, se trata de una osadía desde el Amor, estar dispuestos a enfrentar lo que se presente, amorosamente. Si se presenta delante mío una colina y yo le esquivo al trabajo de treparla, hay una molestia en mí al pensar que tengo que hacerlo, me va a parecer seguramente más difícil, por el estado de ánimo en el que me encuentro y cómo me predispuse. Parecería ser algo que no merezco, miro alrededor buscando ver quién puso eso que estorba en mi camino, porque no asumo lo que me toca transitar. No siempre miro mi camino, que es por donde debo andar, voy mirando qué hacen los demás y si a mí me toca una colina y el otro va por el llano, me parece que la vida es injusta, porque pienso que a él le tocó más fácil que a mí. Nos salimos de nuestra vida y nos cargamos con dolores innecesariamente.

La realidad del espíritu es que cuando recibimos una agresión y eso nos ocasiona dolor, nos hiere, ese dolor es en el espíritu por el mal que se ocasiona el otro, a la hora de hacer lo que hace, porque a mí no me cambia en lo que yo en esencia sé, que es que debo vivir en Amor.

¿Uno sufre por el dolor del otro?

No siempre. Eso es lo que siente el espíritu. El ego no, el ego sufre por sí mismo.

Cuando alguien hace algo y a partir de lo que hace yo siento dolor, la tendencia natural de la personalidad es culpar al otro por lo que hizo, por lo que dijo, porque por su actitud salí sufriendo y no lo merecía. Ahora, buscando yo hacer mi trabajo interno, tengo que buscar equilibrio. Nosotros tenemos que buscar nuestro equilibrio, nuestro centro, para desde ahí tratar de encontrar un equilibrio en conexión con los demás, si no, estar en equilibrio entre nosotros, siendo que internamente no lo encontramos, es difícil.

Tengo que ponerme a trabajar y a buscar qué es lo que reacciona en mí ante lo que el otro hace, no querer encontrar culpables para sentir alivio. No debo quedar resentido con la persona, con dificultad para perdonar o pensando que debo hacer algo al respecto, hacer justicia o poner orden y decirle las cosas como son o enfrentarla para que sepa del dolor que está ocasionando, sino internamente ver qué reacciona en mí.

Muchas veces me siento herido porque no tengo equilibrio interno. Cualquier cosa que los demás hacen, que no sea comprendida o aceptada de manera consciente, a mí me desequilibra, me desestabiliza. Al sentirme mal en ese desequilibrio, busco culpables y eso me trae alivio.

Si sigo viviendo con esta naturaleza en mi interior, que me lleva a reaccionar ante lo que los demás hacen, difícilmente me encuentre en situación de poner Amor para ayudar al que obra desequilibradamente.

Tengo que responder amorosamente a todo tipo de contacto, sea agresivo o sea amoroso. Si no, nunca salimos de esto, que es estar del lado que nos conviene, cuando nos resulta más fácil.

Estamos como navegando a lo largo de nuestra vida, en este infinito océano y según soplan los vientos. Si soplan a nuestro favor, nos resulta fácil avanzar. Si no soplan los vientos parecemos estar detenidos. Si soplan en contra, parecemos retroceder. A veces nos distraen las cosas que están alrededor, y nos desviamos del camino que tenemos que seguir, por entretenernos con lo que aparece para ver. Esto sucede porque no tenemos en claro y firme la decisión de hacia dónde tenemos que ir, saberlo no es suficiente. Puede que yo sepa hacia dónde tengo que empujar este vehículo para que marche, pero si no estoy en armonía con el entorno, va a ser difícil aunar fuerzas para ir todos hacia el mismo lado, porque cada uno empujará de acuerdo a lo que le conviene o a lo que entiende.

Tenemos nuestra propia voluntad, nuestro libre albedrío. Pero, por encima de la nuestra está la Voluntad del Padre. Esto que dijo Jesús cuando llegaba el tiempo de partir de este mundo: pidió para Él, si era posible, “apartar este cáliz de amargura”. Como hombre no quería tener que pasar por tanto dolor pero, más allá de esto dijo: “hágase tu Voluntad y no la mía”. Tenía su voluntad, pero reconoció que la Voluntad del Padre es superior.

Nadie quiere sufrir porque no hace falta, no es necesario, no sentimos que nos sea de beneficio, pero no debemos huirle al sufrimiento, y eso es lo que Él mostró.

Uno no lo quiere, pero muchas veces lo tiene que asumir. Para llegar a esto hay que ser osado. Para poder encontrar en la osadía la fuerza de voluntad suficiente, para encarar lo que se presenta, tengo que tener en claro hacia dónde me dirijo. Si no tengo en claro hacia dónde me dirijo, muchas veces dudo, y sobre todo cuando aparece el trabajo que no quiero hacer.

La vida debe ser consagrada al Padre, en Amor. No implica que todos seamos sacerdotes, sino que aprendamos a poner Amor en nuestro diario vivir: familia, trabajo, padres, hijos, esposos, esposas, empleados, patrones, no importa la situación. Hay personas que nos caen en gracia y otras que no, pero si la vida nos lleva a estar cerca de ellas, tal vez podamos dar ejemplo. No siempre se da ejemplo a través del verbo, sino que muchas veces es a través de los hechos, que es una manera más respetuosa de llegar. Cuando uno hace algo diferente habrá quienes aprueban, otros que desaprueban, pero cuando uno dice algo que es diferente a lo que la mayoría piensa, es más fácil que haya desaprobación porque sienten que se está marcando que los demás no hacen bien las cosas.

Cuando llevamos Luz, va a ser bien recibida por quien la está buscando o por quien en la Luz encuentra con quien compartir. Pero cuando llevamos Luz, y esto no lo podemos evitar si somos conscientes de que así debemos vivir la vida, llevamos Luz a quienes gozan estar en la oscuridad, y no es porque sean malvados, sino que en la oscuridad nuestro libre albedrío parece decirnos que podemos hacer lo que queremos y que nadie tiene por qué cuestionarlo. Esa es la libertad que podemos tener cada uno de nosotros. Entonces, quien piensa de esta manera y no tiene respeto por los demás, mucha veces en error y en equivocación, está dando a otros ejemplos equivocados, que los confunde más en su camino si es que ya están confundidos, no para quien tiene claridad.

Hay muchas cosas que incorporar en nuestra vida desde la claridad. Por ejemplo en mi caso, decidí en un momento cuestionarme todo lo que hacía. Cuando iba a trabajar, porque necesitaba el dinero, me cuestionaba a dónde me conducía esto, trataba de ir haciendo el análisis y la experiencia de vivirlo desde distintos lugares. Podía pensar en ir por el salario siempre me parecía que era poco lo que me estaban dando y mucho lo que es- taba haciendo, y entonces analizaba desde ahí. Cuando lo analicé desde lo que yo puedo dar, que es muy importante, y sé que por lo que estoy dando me darán algo a cambio, pero primero está lo que puedo dar, en lo que puedo colaborar con mi conocimiento para ayudar a la otra persona a que resuelva algún problema, ahí me cambiaba el ánimo y la actitud era diferente, ya no analizaba el tiempo que estaba, ni lo que me iban a dar, ni siquiera si me iban a dar algo.

Entonces ¿cómo vivimos una cosa o la otra si no es tomando nosotros la decisión sobre cómo vivir? Si lo dejamos en manos de nuestro ánimo, un día que hay luna llena andamos medio cruzados, el día que sopla el viento norte que nadie se nos cruce, el día que nos levantamos con el pie derecho todo es una sonrisa. La vida no puede ser así, de acuerdo a cómo soplan los vientos. Tenemos que ver, si los vientos soplan en contra pero tenemos en claro que debemos ir hacia aquel lugar desde donde sopla el viento, lo más prudente será plegar las velas para, por lo menos, no hacer resistencia y, a lo mejor, ya no nos lleve el viento gracias a la vela, sino que ahora tendremos que hacer un esfuerzo.

Puedes conocer a Daniel Ferminades en Madrid y Barcelona, haz click sobre cada imagen para más información:

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here