Hola, me llamo Cristina y después de leer vuestra propuesta de escribir, me animo a hacerlo porque yo soy una de tantas personas que, hace tiempo, tuvo el valor de cambiar no sólo su vida sino todo lo que ello conlleva, pensamientos y sobre todo actitudes y quiero aprovechar esta oportunidad para escribir sobre ello y que así sea el ejemplo y motivación que otros necesitan para dar ese gran salto. Esta es mi historia.
Me casé muy joven… demasiado, atendiendo a las demandas que mi marido y familia requerían, y asumí papeles que me venían demasiado grandes con la única intención de complacer a mi entorno, y lo peor de todo es que yo sabía lo que estaba haciendo, pero me faltaba el valor suficiente para decir NO. Me traicioné a mí misma en favor de “ser responsable” y me propuse tener éxito en la nueva vida que empezaba. Y el tiempo se me pasó entre trabajos, la educación de mi hija, mi casa… Me vi envuelta en un ritmo de vida tan activo que no tenía tiempo para pensar, simplemente hacía lo que tenía que hacer porque era lo que se esperaba de mí. Pasaron varios años. Una situación de desempleo posterior, hizo que me pudiera dedicar a hacer cosas que yo quería, y que disfrutaba haciéndolas, en definitiva, por fin hacía cosas que quería hacer por mí y no por los demás. Por fin una compensación. Además de dedicarme a estudiar en la rama sanitaria (que es donde trabajo hoy en día) el tiempo libre te proporciona eso, tiempo, y en ese tiempo no sé por qué, no sé qué es lo que me hizo preguntarme un día: Cris, ¿te gusta tu vida? Fue un gran “batacazo” a mi conciencia, pues ya nada volvió a ser como antes. Desde ese momento, todo cambió porque a menudo en mi cabeza se agolpaban preguntas y más preguntas: ¿qué quieres?, ¿qué echas de menos?, ¿cuáles son tus sueños?, ?qué deseas? Sólo tenía 27 años y ya había vivido lo suficiente como para saber que no era eso lo que quería para mí. Me di cuenta de que tenía todo lo que la gente deseaba, una vida estable, una familia unida, prosperidad… No vivíamos con lujos pero tampoco me faltaba de nada, entonces… ¿por qué no era feliz? Empecé a buscar motivos que me ayudaran a continuar con mi vida, y a no tener que decidir sobre ella porque eso me aterraba puesto que significaba enfrentarse a la familia, las creencias religiosas, la sociedad… yo, la rebelde, la oveja negra… No me sentía con fuerzas para enfrentamientos pero mi vida se fue haciendo día a día más difícil porque mis fuerzas para continuar con ella desaparecían cada vez más rápido, sobre todo al buscar apoyo en mi marido y ver que la persona que necesitaba no existía. Hoy me doy cuenta de que la vida es tan sabia… Te permite “jugar” a lo que tú quieras, pero sólo por un tiempo, luego, crea situaciones que, definitivamente te obligan a ponerte en el lugar que verdaderamente te corresponde, el que tú te mereces, aunque a priori no sepamos verlo. Y eso fue lo que pasó. Mi “tiempo de decidir” se acabó y con la sensación de quien se tira a una piscina sin saber si tiene agua, cambié mi vida. Esa decisión ha sido la más difícil que he tomado, sin duda, pero no me he arrepentido ni un solo día. Todo lo material que pierdes no vale la paz y la gran satisfacción de ser y actuar quien verdaderamente eres. Y lo personal que se pierde… bueno, si no han seguido ahí las personas que tú querías, será porque su tiempo a tu lado se ha terminado y ahora te toca conocer a otras y que otras tengan la oportunidad de conocerte a ti. Esta ha sido mi vida durante unos años. No quisiera que os quedarais con un mal sabor de ella, pues es lo que me “ha tocado” vivir y le estoy muy agradecida porque si no hubiera sido por lo que viví y lo que aprendí, hoy no sería la persona que soy. Estoy segura de que todas las experiencias que vivimos son para nuestro aprendizaje, nos preparan para vivir nuevas realidades más satisfactorias. A partir de entonces mi vida se ha enriquecido mucho. Gozo de la vida que quiero. Han aparecido en ella personas, situaciones y vivencias que han desarrollado mi conciencia, mi autoconocimiento y me hacen sentir cada día más plena. Mis creencias han cambiado, mis pensamientos también y como consecuencia, mis actos, y todo ello me ha llevado donde estoy ahora, en una vida en la que la paz, el bienestar y la satisfacción personal son una realidad. Si depositas tu fe en lo que actúas desde el corazón… el éxito está garantizado. Esta es mi gran verdad, y lo digo porque es lo que vivo todos los días. Si yo puedo, tú también, a qué esperas?
|