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EL RECUERDO DEL AIRE

Manuel Rodríguez Alejandre

“Las palabras son símbolos de símbolos”, dice un moderno libro de sabiduría. En nuestras culturas encontramos muchos elementos simbólicos, algunos de ellos comunes a diversas culturas ancestrales. La palabra “aire” es símbolo del “aire” como elemento pero ¿Qué es lo que simboliza a su vez el aire?

Para muchas culturas indígenas del planeta el aire, el viento y la respiración simbolizan aspectos de un poder singularmente sagrado. Por su presencia penetrante, su absoluta invisibilidad y su influencia manifiesta sobre todos los fenómenos visibles, el aire constituye el arquetipo de lo inefable y no conocible pero indiscutiblemente real.

Mientras lees éste articulo, te invito a que vayas haciendo pequeñas pausas en las que haces tu respiración conscientemente, y te das cuenta de cómo tomas y sueltas el aire.

¡El solo hecho de introducir nuestra conciencia en éste sencillo acto de respirar, cambia la cualidad de nuestra experiencia en el momento presente! Sencillo y maravilloso al mismo tiempo.

El aire invisible que todo lo rodea, el aire invisible a través del cual los objetos aparecen, el aire que transporta los sonidos y  las ondas, el aire que una y otra vez penetra nuestros cuerpos en el acto constante de la respiración.

La cultura occidental se olvidó del aire y de la respiración, ahora estamos empezando a recordar.

RE-SPIRAR del latín SPIRITUS que significa AIRE, VIENTO, SOPLO, RESPIRACIÓN, ALMA, VIDA.

IN-SPIRAR, simboliza llevar el Espíritu hacia el interior. IN-HALAR viene del árabe y simboliza “tomar a Dios”

LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE supone, de una forma sencilla, el acto consciente de conectarnos con el Espíritu y popularmente decimos que cuando estamos brillantes, cuando tenemos buenas ideas, cuando vemos las cosas con claridad. ESTAMOS IN-SPIRADOS, o sea conectados con la mente del Espíritu.

LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE está presente en el budismo, uno de los maestros budistas vivos más conocido y amado en todo el mundo, Tich Nhat Hanh, habla siempre  con palabras sencillas y hermosas de la respiración, él dice “la respiración consciente es como una lamparilla que encendemos y que nos ayuda a ver, a ver más profundo dentro de nosotros, a ver con amor”.

Está presente en los ejercicios de los maestros sufis, con sus cantos y movimientos continuos que nos ayudan a salirnos del dominio de nuestra mente racional.

Está presente en los ejercicios hindúes del Pranayama, el yoga de la respiración, que nos enseña hasta ciento y pico formas distintas de ejercitar nuestra respiración experimentando sensaciones y beneficios muy diversos para la salud física y psicológica.

Y la Respiración Consciente está presente en las modernas formas de psicología experimental  y de desarrollo personal y espiritual que apoyan la sanación y la expansión de la conciencia.

Como practicante, amante y profesional de la Respiración Consciente, nunca he dejado de sorprenderme al experimentar por mi mismo o verlo en mis clientes la magia que aporta la sencilla práctica de una sesión de respiración. A través de una respiración continua, suave y profunda, en torno a 60 minutos de respiración, la persona literalmente “se abre”, experimenta un proceso paulatino y nunca igual en donde se producen indistintamente “tomas o aperturas de conciencia”, comprensiones “sentidas” sobre diferentes aspectos de su vida, la persona viaja a través de “sensaciones emocionales liberadoras”, desbloqueos energéticos, emergencia y liberación de memorias inconscientes antiguas. Y todo ello en un contexto tranquilo, pacífico, suave, cuidado, acompañado y controlado. No todas estas experiencias se producen juntas ni en todas las sesiones, hay sesiones más físicas, otras más “energéticas”, otras más emocionales y otras más “espirituales”.

Más allá de las técnicas, nombres y formas concretas de los diversos trabajos con la respiración, está la intención que ponemos al hacerla consciente,  permitir que el Espíritu sane o corrija nuestras mentes, permitir que el Espíritu guíe nuestras vidas,  abrir una y otra vez un espacio en donde dejamos de proyectar nuestra inconsciencia y reconectamos con nuestra Esencia y nuestra Verdad, algo que invariablemente nos trae siempre, de nuevo, Paz.

MANUEL RODRÍGUEZ ALEJANDRE
Estudió en la Escuela de Empresarias de la Universidad Complutense de Madrid.
Formado en Rebirthing desde 1990 en España con profesionales norteamericanos, ingleses y españoles, en la corriente que por entonces se llamaba el “LRT”, con personas tales como Sondra Ray, Fred Lherman, Bob Mandel, Diana Roberts, Julio Pascual o Carmen Enguita. Y, por otro lado, con Marina Borruso y Colin Campbell en Vivation. Es monitor de Constelaciones Familiares y masajista de Shiatsu. Dirije, junto a Doia Riera, la Escuela de Respiración Consciente y Mente Creativa de Mont-Ras en Girona.

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