Steve Vromman, este belga de 48 años y conocido como "Low Impact Man" (hombre de bajo impacto) pretende vivir todo un año haciendo que su huella ecológica sea lo más baja posible, que significa esto, vivir a diario sin perjudicar al planeta. "Soy el que más gana con la vida de bajo impacto: es más sano, tranquilo y barato", opina Vromman. En el barrio lo conocen por ir con sus recipientes y botellas a comprar alimentos cultivados ecológicamente y que no estén envasados, almacena agua de lluvia para lavarse (no se ducha) o para usar en el inodoro y pedalea en una bicicleta estática media hora para poder tener una hora de energía en su ordenador. Su experiencia es seguida por miles de fans a través de su web (en alemán) en todo el mundo y ojalá cada uno de nosotros pudiéramos añadir nuestro granito de arena a esta causa que nos involucra a todos. ¿Su motivación? “Pienso en mis hijos y espero que quede un planeta limpio para ellos dentro de veinte años”. Para lograrlo, Vromman ha decidido prescindir de ”lujos” cotidianos como la ropa limpia, comer carne o pescado, utilizar champú, ducharse -se lava con agua de la lluvia y jabón- o tirar de la cadena cada vez que utiliza el baño, ya que, según explica, se desperdicia mucha agua potable. Puede que por eso le llamen “low impact man” Para evitar este gasto “inútil”, Vromman ha instalado un gran bidón debajo del canalón de su tejado, que recoge el agua de la lluvia, y que él mismo reparte en cubos y sube hasta casa cada vez que quiere vaciar su retrete. Felizmente para él, en Bélgica llueve con frecuencia. Vromman cuenta también con artilugios ecológicos, como un reproductor mp3 que se carga haciendo girar una manivela o una bicicleta estática a la que ha instalado un ingenioso mecanismo, compuesto por una dinamo y una batería, que genera electricidad. “Aunque ni mucho menos me alcanza para generar lo que consumo cada día, es un buen sistema para que mis hijos aprendan que la energía no cae del cielo: si quieren jugar a algún juego del ordenador un rato, antes tienen que pedalear“, explica. Al comenzar esta aventura, Vromman pidió una excedencia en su trabajo como asesor medioambiental, pero se reincorporó el pasado noviembre. La vuelta al trabajo le preocupaba, por temor a no poder mantener baja su huella ecológica, y es que ser un ”hombre de bajo impacto” conlleva tiempo y esfuerzo. No obstante, precisa, ha conseguido compaginar ambas cosas, gracias a que va a trabajar a la ciudad de Lovaina -situada a más de 80 kilómetros de Gante- en tren y una vez en la estación, utiliza su bicicleta plegable (de un tamaño similar a un maletín) para llegar hasta su puesto de trabajo. Cuando se le pregunta cómo será su vida después del 1 de mayo, cuando acabe su proyecto, Vromman responde con una sonrisa que piensa seguir con un estilo de vida similar, ya que ha adquirido hábitos muy saludables y ha comprobado sus ventajas: es más barato -un 20% menos, según sus cálculos- y se siente mucho mejor consigo mismo. Con toda seguridad, Vromman celebrará la fiesta que ha prometido a sus allegados cuando consiga su objetivo y podrá, además, sentirse orgulloso, no sólo por haber sido el ciudadano belga con una menor huella ecológica, sino también por haber demostrado que podemos vivir respetando el planeta.
|