La Carta de la Tierra (cuyo texto completo se puede consultar en www.fundacionvalores.es y www.earthcharter.org) es una declaración de principios fundamentales para la construcción de una sociedad global en el Siglo XXI, que sea justa, sostenible y pacífica. Se trata de un documento que, impulsado por la sociedad civil, se intentó gestar en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en el año 1992, pero que por diversas circunstancias quedó pendiente de mayor maduración. Dos años después, gracias al empeño decidido de ciertas personalidades muy relevantes del panorama internacional (como Mikhail Gorbachev, Presidente de Cruz Verde Internacional, o Maurice F. Strong, Secretario General de la Cumbre de la Tierra y Presidente del Consejo de la Tierra y D. Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO en el momento de la gestación de la Carta de la Tierra), se relanzó el proceso, y después de un periodo de varios años de consultas y debates en los más diversos foros (instituciones, agentes locales, personalidades relevantes de todos los ámbitos sociales, grupos de base, organizaciones no gubernamentales...) se llegó a la versión final de la Carta de la Tierra, que fue aprobada por la Comisión en la reunión celebrada en las oficinas centrales de la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO) en París en marzo del año 2000. El lanzamiento oficial de la Carta de la Tierra tuvo lugar en el Palacio de la Paz en La Haya el 29 de junio del año 2000. En octubre de 2003, contando, entre otros países, con el apoyo de España, la UNESCO resolvió "Reconocer que la Carta de la Tierra constituye una importante referencia ética para el desarrollo sostenible, y manifestar su apoyo al contenido de dicha Carta". Y por ello, en el seno del "Decenio de las Naciones Unidas para la Educación con miras al Desarrollo Sostenible (2005-2014)", aprobado en diciembre de 2002 por la Asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en abril de 2005 la Carta de la Tierra ha sido incorporada en el Proyecto de Aplicación Internacional del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), como instrumento educativo de incalculable valor. 4 No existe ningún documento generado en la historia de la humanidad que sea más democrático que éste, pues lo respalda el mayor proceso consultivo, a todos los niveles, jamás conocido. Ya de por sí, esto es una cualidad que le concede una naturaleza muy trascendente, que potencia aún más su relevancia específica, derivada del hecho de que se asienta como un tercer pilar del desarrollo sostenible. En efecto, junto a la Carta de las Naciones Unidas (que regula las relaciones entre estados) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (que reglamenta las relaciones entre estados e individuos), la Carta de la Tierra es un tercer documento esencial, destinado a regular las relaciones entre los estados, los individuos y la naturaleza. La "Fundación Valores" es una entidad afiliada a la Iniciativa de la Carta de la Tierra, dedicada a difundir y poner en práctica desde España el contenido de la Carta de la Tierra. EL ARTE DE EDUCAR EN EL SIGLO XXI "Los 60 millones de docentes del mundo, gracias a las muchas horas lectivas durante las cuales están en contacto con los niños/as, contribuyen a forjar los conocimientos y las concepciones del mundo de millones de alumnos/as. Si los docentes en formación o en servicio aprenden, no sólo a integrar los valores relativos a la EDUCACION PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE en los planes de estudios, sino también a utilizar las técnicas pedagógicas que van asociadas a una enseñanza de calidad, la generación venidera será capaz de formar un mundo más sostenible" Esa frase forma parte de la declaración de la UNESCO en la que se acuerda que el periodo comprendido entre los años 2005 y 2014 se señala como la DÉCADA DE LA EDUCACION PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE (DEDS). El panorama con el que nos encontramos en los arranques del siglo XXI no puede ser más desolador: la complejidad de los problemas sociales, medio-ambientales, ecológicos y humanos; la dimensión de las pandemias y de los desastres naturales; la gran cantidad de conflictos bélicos que asolan nuestros pueblos; la amenaza del terrorismo; la sensación creciente de inseguridad; las oleadas migratorias; la tremenda interrelación que existe entre todos los pueblos y la idea –cada vez más aceptada- de que los actos de una persona pueden afectar a la vida de los demás, no sólo a nivel local sino global… son sólo algunas de las dificultades que nos muestran los medios de comunicación. 5 Todo ello ha llevado a diferentes comisiones de la ONU a buscar el modo de provocar un cambio social de proporciones planetarias, una auténtica revolución. Para ello era necesario encontrar una "fuerza" que estuviera organizada y con presencia en todo el mundo. A priori se consideraron dos: los ejércitos y los educadores. La primera –por razones evidentes- fue inmediatamente desechada, mientras se iba imponiendo la idea de devolver a la educación el papel fundamental que ha tenido históricamente: contribuir al avance permanente de la humanidad mediante la enseñanza de unos conocimientos, unas técnicas, un lenguaje, unos códigos de conducta y sobre todo un sistema de valores que permitan la incorporación de los niños y jóvenes a la sociedad. La historia nos dice que dependiendo de cómo se eduque en la infancia y la adolescencia dependerá el tipo de persona que se será de adulto y como consecuencia de la sociedad de la que formará parte en el futuro. Con esta conciencia se acordó que la tarea de promover ese gran cambio social sin precedentes debía arrancar en sus primeras etapas de ese "ejercito de docentes". Y es que, en cualquier lugar del mundo, en el más apartado rincón, en la más pequeña aldea, hay un maestro o una maestra enseñando a los niños y las niñas. La UNESCO entendió que "implicando" a esos docentes en programas de aplicación local se conseguiría incidir en las generaciones del futuro. Con este objetivo se están poniendo en marcha proyectos sobre educación en valores que buscan formar primero a los docentes en una nueva filosofía de vida y una cultura más universal que nos permita afrontar los retos que la sociedad actual nos plantea, y que de respuesta a las inquietudes y necesidades de los seres humanos del siglo XXI, el que se ha dado en llamar "el siglo de la gente" como asevera D. Federico Mayor Zaragoza. Los primeros proyectos en marcha Hay una primera fase de sensibilización en la que a través de todos los medios posibles, tanto los estamentos oficiales (Ministerio de Educación, Conserjerías, Concejalías…) como las iniciativas privadas (Fundaciones, ONG’s, asociaciones sociales y sindicales…) se informa a los ciudadanos para que tomen conciencia de la magnitud de los problemas a que nos enfrentamos. Las campañas sobre medio-ambiente y ecología, sobre consumo ético y responsable, apoyo a la interculturalidad, etc. son algunos ejemplos de ello. En cuanto a la Educación, la Fundación Valores está participando de forma muy activa en un programa para formar a formadores en Educación en Valores, en Desarrollo Sostenible, 6 en Educación Ambiental para sembrar una cultura de Paz. Nuestra herramienta de trabajo básica es "La Carta de la Tierra", que ha sido declarada como elemento fundamental para trabajar en todas las etapas educativas durante la DEDS. El reto es grande pues no sólo se trata de trabajar con los docentes en la escuela sino de intentar que las familias participen también de los programas que se pongan en marcha y que se desarrollen –en la medida de lo posible- de forma coordinada. Es fundamental la participación de las familias sobre todo en lo que respecta al mundo de los valores, las creencias, las actitudes… Tendemos a fijar normas y reglas cada vez más estrictas que garanticen la convivencia creyendo que esa es la única solución; sin embargo y tal como dijo una maestra de educación infantil con muchos años de experiencia en uno de nuestros talleres: "Si tuviéramos integrados los valores no necesitaríamos marcar tantas normas". El reto de la transformación comienza por uno mismo. La revolución social que se está gestando y que decantará la transformación de los paradigmas y estructuras que se han quedado obsoletos, pasa por el cambio personal. Así, el primer paso debe darlo el propio maestro. Educar en valores universales requiere, de forma ineludible, que estos sean asumidos, integrados y vividos por el docente. Los valores no son "contenidos", ni se trata de una materia más a incorporar en el currículo escolar, sino que deben formar parte de toda la actividad docente, deben estar presentes en cada asignatura de forma transversal, impregnando todas las materias y las relaciones, para conformar el substrato donde germinen las nuevas actitudes. El docente se verá, así, en la coyuntura de revisar la escala de valores que rige su vida, enfrentándose a ellos para actualizarlos y descartar patrones, actitudes o modelos que quizá se hayan quedado viejos y ya no sirvan. Los nuevos tiempos, la complejidad de nuestro mundo hoy, la interdependencia que existe entre unos y otros y la incidencia de las nuevas tecnologías de la información nos obliga a los seres humanos a rediseñar nuestro mapa interior y a reorientar nuestra brújula hacia una dirección más acorde que nos lleve por los caminos de la cooperación y la solidaridad frente a la competitividad y el individualismo en el que vivimos, de la educación por la paz, el diálogo y la participación frente a la violencia y el autoritarismo, del respeto a la naturaleza y el cuidado de la vida frente a la explotación sin medida de los recursos, y en definitiva, del surgimiento de una cultura de paz que permita el desarrollo de todos los pueblos. Todos los seres humanos, pero el maestro de manera especial por el papel que juega en la sociedad, tendrá que preguntarse: "¿Dónde estoy posicionado?", "¿desde dónde les hablo a mis alumnos?", "¿qué les estoy transmitiendo?", "¿cómo influye mi "manera de ser" en la formación de la personalidad de esos niños?". Son tan solo 5 horas En el trabajo con los maestros de escuelas infantiles y de primaria, que desarrollamos en la Fundación Valores desde el año 2005, me encontré un día con el siguiente argumento: "Si, todo eso está muy bien, pero nosotros, los maestros, estamos con los niños solo 5 horas, las otras 19 están por ahí, recibiendo otras informaciones, otros estímulos, otros valores que a lo mejor son contrapuestos con los que aprenden en la escuela". Y aquel maestro tenía razón, los niños aprenden de muchos contextos: familia, medios de comunicación, relaciones interpersonales, instituciones... Y es verdad que esos otros ámbitos a veces defienden valores distintos a los que aprenden en la escuela. Sin embargo, al reflexionar sobre el tema nos damos cuenta de lo siguiente: "¿Quién dedica 5 horas seguidas y con plena atención al niño, aparte de su maestro?" Nadie, las encuestas nos dicen que esas horas están cubiertas por la televisión, los videojuegos, la soledad, la falta de juegos o actividades con otros niños… Así pues, esas 5 horas de docencia se convierten en fundamentales para que el docente persiga el objetivo fundamental de la educación: acompañar a las personas a lo largo de su vida para que desarrollen sus capacidades intelectuales, físicas, afectivas y espirituales. Hoy más que nunca se hace necesario que los niños y jóvenes de todo el mundo desarrollen actitudes que les permitan participar de forma consciente, responsable y autónoma en la gestión de su propia vida, en su integración en la sociedad y en su responsabilidad hacia la naturaleza viviendo en armonía y fraternidad con los demás ciudadanos. Nuevas estrategias pedagógicas Vivimos momentos en los que se hace necesario romper los viejos moldes y acercarnos a una nueva pedagogía que ayude a interrelacionar las distintas materias, que recoja los distintos contextos en los que se mueven los alumnos para que lo que aprenden no esté desconectado de lo que viven en sus casas o en sus barrios. La escuela deberá formar parte de su mundo convirtiéndose en la aguja imantada que sea referente en su desarrollo integral como ser humano. Los nuevos tiempos requieren nuevas formas, la innovación en los modelos, el desarrollo del pensamiento crítico, el reconocimiento del papel de la escuela en la educación de los valores que sostienen a la sociedad. El reconocimiento de que educar es algo más que enseñar nos llevará a abrirnos a estrategias educativas heterogéneas, de vanguardia, recogiendo técnicas de otras disciplinas, incorporando los nuevos avances dentro del campo de la psicología, aplicando técnicas que activen en el otro la capacidad de aprender, la curiosidad, el interés, la emoción. Así técnicas de relajación, de meditación, de visualización, de proyección de imágenes… que ayuden a explorar las capacidades creativas. Disciplinas como el zen o el yoga, la utilización de la música, la dramatización, los juegos, los cuentos, las canciones, los debates, la gestión de los conflictos, el aprendizaje en red de forma que los conocimientos "resuenen" en el otro, la idea del aprendizaje de por vida, el desactivar los roles prefijados de maestro y alumno y sobre todo atender al "como" más que al "qué" se enseña. Tal vez serán los niños y los jóvenes los que impulsen la revolución, tal vez cuando ellos hayan asumido esos nuevos valores serán los que presionen a las instituciones para provocar los cambios que necesitamos… tal vez cuando esos niños y jóvenes con la fuerza de sus ideales y sus capacidades lleguen a adultos harán realidad lo que hoy para nosotros es solo una creencia, o un sueño: que un mundo mejor es posible. CASOS DE ESTUDIO SOBRE LA CARTA DE LA TIERRA Y LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE. DIRECTRICES, VISIÓN Y PROCESO PARA SU DESARROLLO Los valores universales forman un substrato donde se asientan principios éticos profundos comunes a todos los seres humanos de la Tierra independientemente de su cultura, sus creencias religiosas, su nacionalidad, el color de su piel, su sexo, etc. Los valores esenciales respetan la dignidad humana, afirman la vida y son coherentes con las principales culturas de todo el mundo. En el Decenio de la Educación Sostenible, del 2005 a 2014, propuesto por las Naciones Unidas, se ha presentado como herramienta de trabajo para favorecer la educación en valores un documento generado por la sociedad civil y ratificado por la UNESCO: La Carta de la Tierra. Los principios de la Carta de la Tierra son una síntesis de exhaustivas consultas internacionales llevadas a cabo durante casi una década. Este documento reconoce que los derechos humanos, el desarrollo humano equitativo, la protección medioambiental y la paz son interdependientes en el mundo que hoy vivimos. En él se reconoce el papel fundamental que la educación juega para dar forma a los valores humanos; se afirma el papel crítico que los maestros tienen en este proceso; se reconoce que las nuevas iniciativas educativas pueden tener éxito si las personas implicadas se comprometen en un proceso en el que la experiencia, la reflexión, el análisis crítico, la tolerancia, la cooperación, la compasión y el respeto se fomenten y se desarrollen. 1.- DESCRIPCION DE LA EXPERIENCIA La Fundación Valores ha diseñado y puesto en marcha cursos y talleres de formación de formadores para trabajar en dos vertientes: la Educación en Valores Universales y la Educación Ambiental, utilizando como herramienta educativa la Carta de la Tierra dentro de la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible. El objetivo prioritario para nosotros, a la hora de impartir estos cursos, es que la Carta de la Tierra no pase a la historia como un documento más donde se recogen unas hermosas intenciones, sino que se convierta en una herramienta de crecimiento para el ser humano y que favorezca procesos de transformación personal que constituyan el tejido embrionario donde se asienten las bases de una nueva sociedad más justa, sostenible y pacífica. Nuestra actividad se desarrolla en dos áreas complementarias: la divulgación y la formación. Dentro del apartado de divulgación hemos puesto en marcha un congreso anual Proyectos y Utopias para un Mundo Mejor, que este año 2008 ha contado con su 4ª. Edición. Y también varios encuentros de trabajo específicos: Encuentro Ibérico de la Carta de la Tierra para la Educación y el Desarrollo Sostenible, de carácter también anual, Mesa de Trabajo de Educación y Sostenibilidad, participación en el CONAMA (Congreso Nacional de Medio Ambiente), conferencias y seminarios en distintas comunidades autónomas, y colaboración en distintos eventos centrados en los tres pilares interconectados que implican al Desarrollo Sostenible: Los problemas sociales, Los problemas económicos y los problemas medio-ambientales. En cuanto al área de formación se han desarrollado varios proyectos: I. Talleres y proyectos para trabajar la Educacion en Valores desde la infancia: "LA CARTA DE LA TIERRA DENTRO DE LA DEDS".
Esta experiencia es un modelo que proporcionó resultados muy amplios al abarcar a todo el alumnado de los distintos centros educativos a través de las iniciativas generadas por los maestros y directores participantes, con lo que se pudo abarcar zonas geográficas extensas dentro de las distintas provincias. Cada docente propuso en el claustro de profesores y en el consejo escolar de su centro educativo que la Carta de la Tierra no fuese considerada como una asignatura o actividad más, sino como un tema transversal que impregnara a todas las disciplinas. A partir del material trabajado en el taller de "Formación de Formadores" se desarrollaron actividades atendiendo a todas las áreas (creativas, técnicas, científicas, deportivas, etc.) II. Talleres de Educación Ambiental: "LA EDUCACION EN VALORES UNIVERSALES. LA CARTA DE LA TIERRA Y LA DEDS".
III. Talleres de formación de formadores: "LA CARTA DE LA TIERRA COMO VISION DE FUTURO". Desarrollados en Madrid, a lo largo de tres meses, y que convocó diferenes agentes sociales para recibir formación específica y convertirse en "consultores" de la Carta de la Tierra. La experiencia fue muy interesante porque se reunieron docentes (educación formal y no formal), empresarios, cooperantes, miembros de organizaciones no gubernamentales y fundaciones, amas de casa, profesionales de distintos ámbitos, etc... formando una amplia representación social, lo que supuso un enriquecimiento mutuo y la percepción de una visión más global. La Fundación tiene como objetivo la convocatoria de estos talleres a partir de 2009 en Madrid, Cáceres, Granada y Alicante. 2.- ASPECTOS METODOLOGICOS El punto de partida es un cuestionario de revisión y evaluación del maestro para generar ámbitos de reflexión, análisis y debate en torno a las relaciones humanas, la realidad social, los retos interculturales, los roles asignados, la ecología, la paz, etc. Se trata de colocar al docente y al adulto en general ante una toma de consciencia de su propia escala de valores. Ejemplos de algunas preguntas de reflexión y autoconocimiento: ¿Qué cosas considero importantes? ¿Qué debería saber acerca de los valores? ¿Cuáles son los míos? ¿Cuáles espero hallar entre los demás? ¿Qué tienen que ver con mi conducta? ¿Cuántos valores necesita tener una persona? ¿Existe un mínimo de reglas de obligado cumplimiento? ¿Podemos considerar que algunas están superadas? ¿Qué otras son imprescindibles para una convivencia pacífica y humanitaria? ¿Cómo transmitiré los valores de modo que sean comprendidos por los niños/as?... A continuación se suceden las sesiones teóricas y prácticas: Exposición. Dinámicas. Ejercicios. Se trabaja siguiendo el modelo IDC (Información, Discusión, Creación) de una forma dinámica, cooperativa, lúdica y participativa, aportando cada uno su propia experiencia personal y profundizando en casos reales. El curso es eminentemente práctico y está concebido para aprender-haciendo mediante planteamientos abiertos. Los conocimientos teóricos se consolidan mediante las dinámicas que se desarrollan en las sesiones, que buscan siempre la participación activa de los asistentes (conocimiento-acción-reflexión-acción). El facilitador del curso/taller se sirve de múltiples estrategias y metodologías pedagógicas innovadoras (Danzas del Mundo, Juegos (preparatorios, de apertura, de acción, creativos, de confianza mutua, de cooperación, de indagación, compenetración y afecto…), prácticas de respiración, meditación, visualización creativa, sintonización, silencio interior, programación neurolinguística, técnicas de comunicación y resolución de conflictos, debates, asambleas, cultivar el sentido crítico, expresión artística (música, teatro, cuentos, dramatizaciones, roll-playing…) Algunos objetivos:
Pasos del proceso: Concienciar. Conocer. Distinguir valores. Identificar actitudes. Participar 3.- LECCIONES APRENDIDAS: La primera observación fue el descubrimiento de que el colectivo de docentes atravesaba una profunda crisis (falta de reconocimiento social de su labor, fragmentación de las enseñanzas, interinidad, falta de apoyo de la administración, falta de apoyo de las familias de los alumnos/as, presiones del Ministerio de Educación para llevar a cabo el currículo de contenidos, cambios constantes en la Ley de Educación, descentralización de las competencias educativas a las comunidades autónomas…) La segunda fue el reconocimiento por parte de los docentes de la crítica situación que atraviesa la sociedad y que se refleja absolutamente en el ámbito escolar (más de medio millón de alumnos/as extranjeros se incorporaron en el año académico 2005-2006, problemas de convivencia multicultural, crisis de valores, masificación en las aulas, fragmentación del currículo…). Tercer, los docentes reconocieron que no contaban con las herramientas o formación específica necesarias para dar respuesta a las necesidades de su labor diaria en el aula y al reto que les planteaban las nuevas situaciones. Y por último la extraordinaria actitud y nivel de aceptación y a pesar de todo lo anterior, ya desde las primeras horas del taller los participantes, ya fueran docentes, padres o madres, mostraron una gran apertura hacia las nuevas metodologías; que vencido el primer momento de sorpresa se sumergieron en las dinámicas de participación, danzas, juegos, dramatizaciones, etc… con total entrega, entendiendo que todo lo que estaban vivenciando les sería de gran utilidad a la hora de ponerlo en práctica con los niños/as. Un aprendizaje fundamental fue observar los resultados de los dos proyectos: Talleres realizados en Centros de Formación del Profesorado. Talleres realizados en Centros Educativos. En el primer caso al trabajar con docentes de diferentes centros se conseguía una mayor difusión (porque el mensaje llegaba a tantos colegios como maestros participaban), pero la desventaja era que no se lograba una implicación completa de los colegios. El participante del taller no tenía –en ocasiones- la suficiente fuerza o convicción para involucrar a todo el claustro de profesores de su centro. En el segundo caso el resultado era muy focalizado (solo se trabajaba con un centro en cada taller) pero a cambio se conseguía una mayor profundización en la experiencia, ya que se implicaba a toda la comunidad escolar y en ocasiones al entorno social donde se ubicaba el centro. Otro aprendizaje significativo fue encontrar el denominador común que tenían todos los participantes y que se podría enunciar como su preocupación por la situación actual y su deseo de dejar de ser espectadores y hacer algo para conseguir un mundo mejor. Desde esa perspectiva el interlocutor pasa a ser simplemente una persona, independientemente de la labor que desempeñe, y el contenido de la Carta de la Tierra se puede expresar con toda la fuerza de su esencia. Así pues el mensaje va dirigido a la persona, a que viva la Carta de la Tierra como un proceso de transformación personal. Únicamente se trata de adaptar el lenguaje al colectivo al que nos estemos dirigiendo. En este sentido es muy eficaz la utilización de músicas, materiales audiovisuales, 17 documentales, etc. ya que la lectura del documento se hace más ardua, los conceptos son más teóricos, en cambio las imágenes van dirigidas a nuestro mundo emocional y resulta más fácil movilizarnos a la acción. 4.- CONTRIBUCIONES A LA EDS El primer objetivo que era la toma de conciencia de los maestros y su implicación en la difusión y desarrollo de los principios de la Carta de la Tierra en su ámbito de actuación se ha conseguido. Se han generado multitud de proyectos abarcando desde los 3 a los 12 años con actividades muy diversas que cubren los cuatro grandes apartados de la C.T. y sus dieciséis principios. Cada comunidad autónoma tiene sus propias características y su contexto particular, así los distintos proyectos generados en los diferentes colegios se adaptan a estas particularidades constituyendo un movimiento de innovación pedagógica muy rico. El material es tan amplio que resulta imposible transcribirlo, pero parte de él está disponible en la página de la Fundación Valores (www.fundacionvalores.es). Mª del Pinar Merino Martín – mariapinar@fundacionvalores.es
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