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LA PAREJA SANA: REFLEXIONES DESDE UNA MISMA PAREJA

 

Introducción

Tratándose de un artículo sobre la pareja, nos pareció una buena idea escribir nuestras reflexiones sobre el tema sin comunicarnos previamente sobre qué y el cómo queríamos enfocar este artículo. He aquí el resultado de esta experiencia.

Véronique Batter y Manuel Atienza, 15 años de matrimonio y padres de 2 hijos.

Aportación de Véronique


Cuando recibí la invitación de escribir un artículo sobre “La Pareja Sana”, me hizo sonreír. La manera más directa de definirlo es una relación armoniosa de amor y complicidad. No obstante, otra forma de enfocarlo, y que quizás mucha gente no perciba, es el hecho de que la pareja es un camino de sanación personal.

Después de la etapa de enamoramiento en donde todo es maravilloso, y el ser humano experimenta dentro de sí la felicidad sublime de la unión, cuando comienza la fase de “sanación”.  Otros lo llamarían el periodo de la desilusión. Son momentos en donde nos damos cuenta de que no nos acompaña el “príncipe azul” que deseábamos. Es cuando nuestras dificultades o patrones personales se entrelazan y se confrontan mutuamente. Es, en muchos casos, cuando la relación se deteriora para romperse meses o años más tarde. Pero, ¿cómo trascender estos momentos y crear una relación feliz?  

Yo resumiría las claves de una relación sana con “las 3 Ces”: Consciencia, Compromiso y Comunicación.

La consciencia es la sabiduría de saber cómo funciona la relación de pareja y cual es su propósito. Primero, asumir que el otro no puede paliar mis carencias ni actuar de salvador, especialmente, a nivel afectivo. Segundo, reconocer que la pareja es un camino de sanación. El amor que genera la intimidad profunda hace aflorar a la superficie todo aquello que necesita ser sanado. Sabiendo esto, no te sorprende la fase “post-enamoramiento”, sino que estás preparado para reconocer que las tinieblas son tuyas y que el amor ha permitido sacarlas a la luz para sanarlas.

Además, conviene saber que no es una casualidad que estés atraído mutuamente a tu pareja. Normalmente, los patrones encajan como puzzles perfectos y se atraen para permitirnos crecer. Sin embargo, es allí donde puede comenzar una espiral de juegos destructivos si no sabemos reconocer que es parte nuestro camino de sanación.

Permitidme un ejemplo personal. Al comienzo de mi relación, me asombraba sentir una furia agresiva y celosa que surgía de mi interior y que hasta entonces desconocía. Durante un tiempo, entre en juegos tremendamente destructivos debido a mi inseguridad, hasta que decidí participar en un grupo de apoyo. Fue evidente observar como mi pareja tenía un patrón que encajaba perfectamente con el mío, cuando yo entraba en mis miedos de abandono, él no podía soportar hacer daño a las mujeres, por lo que se retiraba o huía de alguna forma. Esto reforzaba mi sensación de abandono y dolor.
Resumiendo, ser conscientes en darse cuenta de que mis propias heridas no son responsabilidad del otro. Es saber que me hallo en un camino de sanación y que los momentos difíciles, como resultado del amor, son una oportunidad para mi crecimiento.

El compromiso no es sinónimo de ataduras. Primeramente, es reconocer que la relación está basada en una elección. Es importante pararse de vez en cuando y preguntarse “¿Elijo hoy estar con esta persona?”. Si no hay una respuesta clara, quizás valga la pena poner consciencia en la relación, acudir a grupos de parejas, leer, etc. Segundo, el compromiso en la pareja es la extensión de un compromiso con uno mismo: compromiso a crecer, a aprender, a reconocer nuestra responsabilidad en cada aspecto de nuestra vida y, concretamente en la relación, a ser auténtico e ir más allá de mis límites. Tercero, y de la misma forma que mi propio compromiso a crecer, apoyar al otro a que crezca y a ser uno mismo.

En ocasiones, implica decir si a cosas que nos desafían, por ejemplo: “Sé que viaje para ti este es importante, y aunque me costará más quedarme con los niños sola, te apoyo a que lo hagas”. ¡Cuidado, es un apoyo desde el corazón, no es una concesión! En una pareja sana, ambos se sienten libres de realizarse, y reciben el apoyo del otro. Nadie manda, nadie controla, ambos están aliados, forman un equipo. Este es el verdadero símbolo del anillo que nos ponemos en el dedo cuando nos casamos. Como su nombre indica, es una “alianza”.

Esto implica de forma natural un compromiso a “trabajar” juntos frente a cualquier situación difícil o conflicto. Si vemos que éstos son muy fuertes, tener la humildad y la sabiduría de buscar ayuda externa. Dos o tres sesiones suelen ser suficientes. Da mucha tranquilidad cuando ambos deciden estar juntos frente a los desafíos y juntos para buscar soluciones. Quizás la mejor solución sea la separación, pero siempre con el suficiente respecto y amor para no marcharse sin más. 

El compromiso también implica la no-concesión. Si me respecto a mi mismo, no voy a aceptar algo que va en contra de mis valores o necesidades profundas. Puedo hacer concesiones por detalles que no son importantes para mí o, porque más allá de la dificultad, elijo apoyar la decisión del otro, pero nunca en contra de lo realmente primordial para mí.  En una relación de pareja, tienen que ganar los dos. Si uno siente que pierde, no es la buena solución. Hay que seguir buscando soluciones creativas.

En definitiva, el compromiso en la pareja pasa por (1) respectarme a mi mismo (2) no hacer concesiones que no puedo aceptar o que están en contra de mis valores esenciales, y (3) valorar y amar al otro para apoyarle en su desarrollo personal y para darle la libertad de ser uno mismo, de la misma forma que me doy la libertad de ser yo misma. 

La comunicación va unida al compromiso. Es ser autentico, es decir la verdad incluso si duele, es reconocer mis necesidades y las necesidades del otro, es pedir, es escuchar sin salir corriendo, es respectar, es poder decir no. Fue en los momentos de mis mayores crisis cuando descubrí la belleza de la comunicación: auténtica, con presencia y con respecto. 

Como seguramente intuiréis, una relación sana conlleva sentirse bien con uno mismo y con la vida. Es sentirse pleno y tener los recursos para manejar los problemas personales sin echar balones fuera. Es poder reconocer mis errores, pedir perdón, y saber que detrás de momentos de ira, de odio, o de conflicto, el amor que un día nos unió, en el fondo siempre permanecerá. Si además podemos mezclar amistad y complicidad, creamos una relación estable, duradera, rica y apasionante  

Como sugerencias, os recomiendo el libro “Dos corazones son mejor que uno” de Bob Mandel, acudir a personas que os inspiren y ayuden, u organizar encuentros de parejas donde nutriros. Existen interesantes juegos para reforzar la relación, juegos de gratitud, de reconocimiento, de sensualidad, de intimidad, juegos creativos que os saquen de la rutina, traigan aire fresco y pongna un toque de “pimienta” en vuestra vida de pareja.

Aportación de Manuel

A los amantes de la cocina, seguramente les resultaría difícil elegir los dos ingredientes más importantes en el “arte del fogón”. En función de su origen, sus costumbres o sus gustos, podrían defender unos u otros, sin que nunca se llegara a un consenso.

No obstante, voy a permitirme elegir dos especias esenciales que nos sirvan de introducción y simbolismo para este artículo sobre “La Pareja Sana”, sin que nada tengan que ver con las cualidades de una u otra desde una perspectiva de salubridad. La sal y la pimienta.

Las características de la sal y la pimienta son bien distintas pero ambas están presentes en la cocina, de la misma forma que dos de los ingredientes esenciales para una relación de pareja sana: la singularidad y la pluralidad.

Una forma sencilla de describir a una pareja sana sería aquella en la que existe un equilibrio entre singularidad y pluralidad.

La singularidad tiene que ver con la capacidad de ser auténtico, honesto y sincero consigo mismo. Poseer estas cualidades ya es un reto en un contexto personal pero, llevado al entorno de la pareja, resulta mucho más desafiante.

Todos los que hemos tenido o tenemos una relación de pareja, hemos podido descubrir aspectos de nuestra personalidad que no eran visibles antes de iniciar la relación. Esto se debe al hecho de que ciertas actitudes son manejables en relación con uno mismo, pero imposibles de mantener ocultas cuando estamos en una relación de intimidad con otra persona.

Lo habitual es que cuando surgen ciertos patrones de pensamiento o comportamiento que no nos gustan, tratemos de no hacerlos visibles y recurramos al juego de la compensación. Yo cedo en esto, a cambio del que otro ceda en otra cosa. Este juego de concesiones pudiera parecer la solución durante algún tiempo, pero terminan pasando factura en la relación.

Por todo ello, una pareja sana debería estar compuesta por dos entidades individuales, y singulares, que respetaran sus valores más esenciales, y que apostaran por la sinceridad, la honestidad y la claridad en la comunicación, sabiendo que es primordial respectarse a sí mismos.

En otras palabras, como parte de una pareja sana, sentirse completo consigo mismo y elegir conformar una pareja para dar, sin entregar más allá de lo aceptable para mí, y recibir sin exigir nada más allá de lo aceptable para mi compañero/a. La responsabilidad de ser feliz, recae en uno mismo y no en la relación.

Por otra parte, la pluralidad incluye la facultad de respetar, de comprender y de ser empático con el otro miembro de la pareja.

Frecuentemente en las relaciones de pareja, buscamos en el otro aquello que echamos de menos en nosotros mismos. Desde una conciencia clara de percibir al otro como una inspiración para nuestro propio crecimiento, las relaciones íntimas aportan uno de los pilares de crecimiento más impresionantes y espectaculares del ser humano. Al fin y al cabo, como seres en constante evolución, aprendemos a través de la observación y la repetición de pensamientos y actos que nos estimulan en nuestra relación con los demás.

No obstante, cuando no somos conscientes de esto, la tendencia es intentar convencer y posicionar al otro en nuestro marco de referencia desde la necesidad de sentirnos seguros de nuestras opiniones o puntos de vista.

En estas  circunstancias, lo que suele ocurrir es que iniciamos un conflicto o lucha de poder para defender nuestro paradigma, sin posicionarnos en la piel del otro ni en su marco de referencia, provocando como consecuencia, la práctica totalidad de las discusiones, peleas y enfados entre las parejas.

Aprender a respetar al otro sin necesidad de estar de acuerdo con él, tanto como respetarse a si mismo, es un acto de pluralidad y diversidad. No nos limitamos a  tolerar al otro haciendo “acuerdos”, concesiones o compensaciones, sino que lo aceptamos tal y como es, sabiendo que nuestro camino a su lado es parte de nuestro propio aprendizaje.

Atendiendo a lo anterior podríamos decir que una pareja sana es aquella en la que dos personas singulares apuestan por una relación basada en la pluralidad. Y volviendo a nuestra metáfora culinaria, aquella relación en  la que existe un equilibrio entre la sal y la pimienta. Ni muy salado, ni muy picante.

A todo ello, y como cualquier “chef” que se precie, podemos añadirle nuestros pequeños “secretos” para hacer de cada relación una verdadera delicia.

Véronique Batter y Manuel Atienza Vizarro
Profesionales de la Respiración,
Formadores en Preguntas Creativas y
Administradores de Red Ilimitada

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