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LA ECONOMÍA QUE VIENE



Hace mucho que K. Marx denunció el divorcio entre “quien somos” y “lo que hacemos”. Esta falta de coherencia nos conduce a llevar dos vidas: la personal y la laboral. Achacó este mal a la economía capitalista. Y ahora empezamos a darnos cuenta que las consecuencias de trabajar en lo que no amamos nutre las consultas de psicólogos. Sé muy bien de lo que hablo porque yo mismo viví en la incoherencia antes de dar un giro radical en mi vida profesional.


Si algo es seguro y constante es el cambio. Y por esa razón lo único seguro es que no hay nada seguro. Cuando hablamos de dinero este  razonamiento es percibido más como una amenaza que como una oportunidad. De hecho la palabra “riesgo” se asocia más con la opción de perder que con la opción de ganar. ¿No llama la atención que estemos más enfocados en la pérdida que en la ganancia?


Muchas personas, la inmensa mayoría, aman lo conocido sea o no de su agrado, piensan que lo desconocido podría ser peor que lo conocido. El cambio siempre está fuera de la zona cómoda o sentida al menos como segura. Pero la pregunta que deberíamos formularnos todos es: ¿existe la seguridad? En mi opinión, como ya he dicho, lo único seguro es que no hay nada seguro. Y en la economía que viene el paradigma de la seguridad se convertirá en una pura fantasía. Es el momento para prescindir de la inexistente seguridad y reivindicar el valor y el atrevimiento para crear una vida mejor.


Es tiempo de grandes cambios. Sobre todo de mentalidad, y si vamos más allá: de valores. Como coach sé que tratar de cambiar comportamientos sin cambiar las creencias antes es un fracaso. Y que tratar de cambiar creencias sin cambiar los valores también lo es. Vivimos de tiempo de cambios, de hecho siempre lo son, lo que ocurre es que ahora los cambios son más veloces y también más grandes. Es el cambio exponencial a velocidad exponencial. Cuando hablamos de cambios lentos, se produce la evolución, cuando son muy rápidos tenemos la revolución. No es nada extraño, ocurre con frecuencia a lo largo de la historia de las civilizaciones: a la evolución a través de la revolución.



En la economía periódicamente se producen contracciones y expansiones. Es normal, lo nuevo en nuestros días es que hoy las economías están globalizadas, estrechamente vinculadas y muy bien comunicadas. Los fenómenos económicos nos advierten de lo que, a estas alturas, ya deberíamos tener bien sabido: somos Uno. En la actualidad, un “virus económico” atraviesa el mundo en horas y se contagia a las diferentes economías en días. Ya no basta con estar atento a la evolución de la ciudad, la comarca, la región o el país, sino que es preciso preveer el siguiente movimiento de un país vecino o de un continente lejano. El mundo se ha encogido varias tallas y todo afecta a todos. ¿No es algo tremendamente democrático? Somos Uno.


Creo que la economía está mutando a nuevos modelos tanto de consumo como de generación de ingresos. El dinero se ganará de diferentes formas y deberá gastarse también más inteligentemente. ¿Tenemos la cultura financiera para percibir los cambios? Yo creo que no. Demasiadas personas esperan el final de la crisis sin revisar sus valores, creencias, conocimientos y comportamientos… para luego volver a la vida de siempre. Nuestro mayor riego ahora mismo es seguir siendo los de siempre, pensar y creer lo que siempre hemos pensado. Sé que las cosas ya no serán como antes. Y esto no es ni bueno ni malo, es evolución, y en concreto: revolución (económica).


Miro las noticias y observo como gobiernos, no todos, y ciudadanos, la mayoría, tratan de solucionar sus nuevos problemas con viejas soluciones. Y así retrasan las soluciones, demoran la reacción y el cambio, se aplican la estrategia de la avestruz. Me preocupa que agentes sociales y particulares se echen mutuamente la culpa de la crisis y se contenten con esperar tiempos mejores. No percibo que se hagan los deberes y cuando llegue el examen habrá un suspenso y una gran decepción. No percibo tiempos mejores para quienes sigan aplicando viejas y pobres recetas, sean países o personas. La gente en occidente no tiene ni idea de lo mucho que tendrá que cambiar si quiere conservar lo que tiene. Y no hablemos de mejorarlo.¿Cuesta tanto darse cuenta?


En las noticias leo que en España se dispara el paro y que los que trabajan, tienen la “suerte” de ser mileuristas (ya son el 60% y sigue extendiéndose como una plaga). Menudo panorama. ¿De verdad alguien cree que con un par de tiritas y un vendaje, mal puestos, la economía saldrá adelante? Yo creo que no, así que visto lo visto vamos a ponernos el cinturón porque vienen curvas; y en cierto modo atisbo economías que navegan directo a las cataratas, alegres porque corre la brisa y perciben “brotes verdes” en la orilla, y en su contento reman más fuerte hacia las cataratas que aguardan adelante.


Por ejemplo, en el mundo hay ahora mismo docenas de entidades financieras en pésima situación que tarde o temprano estallarán y para las cuales hay mala cura. Miles de empleos, sin futuro, tienen los meses contados. Todo ello irán a parar a donde fueron a parar las maquinas de escribir, ¿te acuerdas de ellas? Y parecían imprescindibles. Otros miles de empleos se mantendrán, sí, pero sus remuneraciones bajarán y bajarán año tras año. Se han acabado los aumentos de sueldos porque ahora, globalmente, hay más gente que quiere trabajar que trabajos. ¿Nadie piensa en ello?


Sé que las medidas efectivas nunca son del agrado de la mayoría, porque son incómodas, exigen revisar los valores, cambios profundos de mentalidad, disciplina sin límite y esfuerzo en grandes dosis. Nos toca emprender, crear nuestros propios puestos de trabajo, liberarnos del paradigma de empleado que no nos hará libres ni felices, ni prósperos.



Escribí: “El Código del dinero” para sacudir mentalidades aún dormidas en lo que a su economía respecta, que son muchas. En él encontrarán sugerencias útiles, revolucionarias. Me permito adelantar algunas:


1. Revisa tus creencias sobre el dinero. Escríbelas y luego cuestiónate, una por una, si son verdad o no.
2. Complementa tu nómina con otras fuentes de ingresos. Desarrolla, en paralelo, otros modos de ganarte la vida y gana así la forma de vida que deseas.
3. Págate primero a ti mismo. Lo que casi todos hacen, a primeros de mes, cuando cobran su salario, es pagar a todo el mundo menos a ellos.
4. No te endeudes con alegría. Y si ya la tienes, reduce tu deuda actual como objetivo prioritario.
5. Fíjate objetivos de ingresos crecientes cada año. Por ejemplo, un 10% más. Si eres empleado esto no es posible pero si dispones de fuentes de ingresos variables, podrás presupuestar la cifra que deseas ingresar cada año.
6. Crea diferentes fuentes de ingresos pasivos. No vendas todo tu tiempo, inviértelo en crear sistemas de ingresos que trabajen después para ti.
7. No entierres tus talentos en un trabajo anodino. Desarróllalos en algo que te apasione y ponlos al servicio de los demás y el dinero llegará.
8. Fórmate financieramente con buenas lecturas. Biografías, cursos de personas que son un ejemplo de inteligencia financiera.
9. No trates de resolver tus problemas de dinero sólo con dinero. Hazlo con creatividad para que no sean un problema nunca más.
10. Contrata un coach financiero. Un experto que te pedirá más de lo que tú mismo haces.
11. Piensa en grande. Cuesta lo mismo que pensar en pequeño pero proporciona resultados muy diferentes.
12. Empieza en pequeño. Hoy día se pueden crear fuentes de ingresos con muy pocos medios, apenas dinero, desde tu casa, algunos contactos... y arrancar tu negocio personal en tu tiempo libre. Sé un emprendedor.


¿Qué otras cosas podrían hacerse? Ponerse la pilas de verdad, formarse financieramente, leer entrelineas las mentiras que nos cuentan los medios de comunicación y los políticos de turno, y aprender sobre el tema en profundidad; ahora mismo hay disponible suficiente información en nuestras librerías e Internet como para navegar sobre la cresta de la ola del “tsunami financiero” (y no debajo de la rompiente de la ola) que empezó en el 2007 y que nadie en verdad sabe cuando amainará.


Mi consejo estrella es: ¡emprender!, crear una fuente de ingresos propia, añadir valor al mundo con una propuesta. Si has perdido tu trabajo, o no encuentras en qué ocuparte, crea tu propio puesto de trabajo, emprende con corazón, haz algo en lo que creas, ames y concuerde con tus valores. Sólo así es posible asegurarse libertad financiera: dinero feliz (aquel que te hace feliz al ganarlo y hace feliz a quien paga por lo que ofreces).
¿Dinero feliz? ¡Sí! ¡Dinero feliz!



Raimon Samsó, coach, formador y autor de los libros: “El Código del Dinero”, “Manual de prosperidad” y “Cita en la cima”. 

Raimon Samsó