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LA SAGRADA FAMILIA:
La catedral de los pobres

Por Miguel G. Aracil

Cientos de turistas, miles si es verano, de todas las razas,  culturas y religiones, se acumulan en las largas colas que se forman junto a la entrada del edificio más emblemático y más visitado de la Ciudad Condal: El templo expiatorio de la Sagrada Familia.

Todos quedan embelesados por sus poderosas agujas, que se alzan enhiestas al cielo, como deseando acariciar, quizá poseer, las blancas nubes. Lo que muy pocos saben, es que el conjunto que ha venido a definirse como “la última gran catedral europea” y también “la catedral de los pobres” pues desde su comienzo en el año 1882, se ha financiado gracias a las aportaciones de particulares, obra máxima y póstuma del arquitecto Antoni Gaudí Cornet ( Reus 1852- Barcelona 1926), a la que dedicó cuarenta años de su vidal es en sí misma, una verdadera y gigantesca enciclopedia esotérica.

Quedan aún hoy por construir los cuatro campanarios de la fachada de la Gloria, el cimborio central de 170 metros, hecho en honor a Jesucristo, la torre de la Virgen María, de 125 metros de altura, y finalmente las de los cuatro evangelistas.

Quién primero estudió profundamente el simbolismo mágico y esotérico del inmenso templo, presentando a su vez a un Antoni Gaudí muy distinto del “oficial”, fue el escritor, politicólogo e investigador Joan Llarch, que en su ya clásica obra Gaudí, biografía mágica,( en algunos aspectos contradictoria) nos presentó un Gaudí místico, iniciado en la alquimia, la simbología hermética, emparentado en ocasiones con los últimos grupos gremiales de origen medieval, y dotado de unos profundos conocimientos en geobiología y fuerzas telúricas, ya que según nos comentó personalmente hace años Llarch, el gran arquitecto escogió ( o mejor aún, aceptó) posiblemente aquel lugar para edificar su obra maestra,(aunque en un principio fuera adjudicada su construcción a Francisco del Villar) pues creía, que uno de los tres megalitos prehistóricos ( dólmenes) que casi con toda seguridad existieron en los territorios que hoy forman la ciudad de Barcelona ( los otros dos estarían situados en el Camp del Arpa y en Montjuic, este último todavía en pie en el siglo XIX)estuvo situado donde hoy se levanta la cripta gaudiana. Sobre esto último hay muy serias dudas, pues parece ser más que seguro, que quien escogió exactamente el lugar, fue un oscuro personaje, a medio camino entre el ilustrado coleccionista (además de editor y vendedor) de libros antiguos y el mecenas oculto, de nombre Josep María Bocabella, amigo personal de otro personaje emblemático de la mística catalana, y llevado luego a los altares,San Antonio María Claret. Incluso está probado y documentado que la primera piedra de la cripta, bendecida el 19 de marzo de 1882, fue colocada por Francisco del Villar ( gran amante del estilo gótico), pero éste, por razones no muy claras, posiblemente debido a problemas con J. Martorell, representante de Bocabella, dejó su puesto, para pasar a ocuparlo el joven y entusiasta Gaudí, que hizo algunos cambios en la estructura de la cripta, pero respetando las principales líneas de su antecesor, el cual por cierto, quería desde un principio, construir un gran edificio de estilo gótico, al más puro estilo medieval.

La Sagrada Familia se puede visitar de dos maneras; como simple turista, que máquina de filmar o fotografiar en mano, recorre el conjunto arquitectónico escuchando lo que el guía “oficial” le cuenta mecánica y monótonamente, o con los “ojos y la mente abiertos” a la otra realidad, buscando en cada columna, grabado, campanario y escultura, la parte, la señal, el símbolo, el “mensaje” trascendental y, esotérico, que posiblemente Gaudí quiso trasmitir a quien supiera leer y conociera el “lenguaje de los pájaros”.

Nada en su construcción deja de tener un sentido esotérico, trascendental, y sin ir más lejos, aunque en la actualidad se pueden observan solo ocho de los campanarios de las fachadas, de más de cien metros de altitud, cuando esté terminada, tendrá doce, y según Llarch y también el escritor especialista en temas religioso-esotéricos Utset Cortés que estudiaron largamente al Gaudí esotérico, dicha cifra no se debe precisamente al número de los apóstoles, si no por el contrario, a cada uno de los signos zodiacales. Pero son más los símbolos astrológicos que Antoni Gaudí nos legó en su obra, y así en el pórtico del Nacimiento, se pueden apreciar un toro con sus facciones ornadas con una serie de estrellas, posiblemente la constelación de Tauro, y muy cerca está Aries, y algo alejados pero en la misma parte de la estructura, se hallan Géminis, Cáncer, Leo y Virgo. Según Llarch, simbolizan exactamente la relación entre el solsticio de verano y el de invierno.

Debemos hacer la visita con los ojos bien abiertos, la mente libre de prejuicios y fijarnos en dos esculturas que aunque fueron “oficialmente cristianizadas”, y en ocasiones pasan desapercibidas pues algunos guías las ignoran, nos atreveríamos a decir que a priori, guardan todo el conocimiento alquímico que Gaudí dominaba, nos estamos refiriendo a la serpiente, que parece surgir de dos figuras que parecen besarse, y que muy bien pueden representar a Jesús y Judas Iscariote y al gallo, que desafiante, da la bienvenida a los fieles y turistas que ingresan en el templo, y que curiosamente, no parecen prestarle atención. Para el catolicismo más ortodoxo, el primer símbolo representa al reptil que malévolamente engañó a Eva en el Paraíso Terrenal, y el ave, a las “negaciones” del polémico apóstol San Pedro, pero para los amantes o conocedores del hermetismo, queda claro que el gallo, es un símbolo solar, que representa el Alma y el Azufre, mientras que la serpiente, será el símbolo del Mercurio, fluido como el agua, y que serpentea como este reptil. Es este animal lleno de simbología, pues también nos habla de las energías telúricas que corren por debajo de muchos de los grandes monumentos sagrados, una constante en diversos lugares del templo, y así, desde el exterior que da a la calle Provenza, podemos ver como en sus muros, grandes sierpes nos contemplan y parecen querer indicarnos, que los fluidos existenciales y energéticos de nuestro planeta, ascienden por la pétreas agujas de la gran catedral.

Si recorremos el exterior del templo, podremos observar una ingente cantidad de símbolos que en pleno siglos XXI, pueden parecer ajenos a un templo moderno, así salamandras ( Azufre), tortugas (primera materia de la Obra), sapos (sal común reducida a aceite), caracolas , espirales ( el origen primigenio), etc., parecen ascender y descender por sus muros, recordándonos aquella simbología hermética que hay en los grandes templos y catedrales medievales, principalmente góticos y que en muchos casos, siguen guardando el secreto de su significado.

Gaudí en su juventud, fue un gran admirador de las obras de Eugene Emmanuel Viollet-le-Duc (1814-1879), quien destacó por reafirmar vehemente la naturaleza estructuralmente orgánica del gótico. Fue éste artista galo, sin duda uno de los últimos grandes  arquitectos iniciados, el postrer gran conocedor del misterio gótico, el restaurador junto al franmasón Dubán, de la catedral parisina de Notre-Dame, y estudioso entusiasta de los secretos de la Orden del Temple, y posiblemente de sus trabajos extrajo Gaudí parte de la simbología que reina por todas partes en la Sagrada Familia. También creemos que de sus estudios en las fuentes provenientes de Violet-le-Duc, proviene esa “manía” guadiniana por decorar algunos de sus principales monumentos con esbeltos y pétreos guerreros medievales, que nos recuerdan profundamente a los caballeros templarios, y que como no podía ser de otra manera, nos dan la bienvenida ( o quizá simplemente nos vigilan) en la misma entrada al templo expiatorio, donde figuras de caballeros a pie y a caballo, montan disciplinada y enigmática guardia en la puerta principal. Algo parecido sucede en pleno Paseo de Gracia, donde desde lo alto del también edificio gaudiniano de la Pedrera (Casa Milá), sus caballeros observan con mirada enigmática a barceloneses y turistas, callando, pero siempre alertas, cubiertos por yelmos y corazas llenas de misterio.

 En los cultos mistéricos de la antigüedad, existía generalmente una muerte simbólica y una resurrección, y nuestro arquitecto deja esta simbología esculpida en la piedra, concretamente en dos de los pórticos como ahora veremos. Para Gaudí, y para muchos iniciados, la línea recta, simboliza al hombre, mientras que la curva, es el reflejo de Dios. Y el artista dejó el pórtico de la Pasión, marcado por las aristas rectas y cortantes, y por el contrario, el pórtico del Nacimiento, está dominado sin duda por la curva, como símbolos por un lado, de la muerte del Cristo “hecho hombre” y por el otro el nacimiento de Jesucristo ya como “Hijo de Dios”.

Uno de los grandes misterios de este templo, es su célebre cuadrado mágico, que fue estudiado por diferentes investigadores sin llegar a un acuerdo sobre su verdadera simbología y significado. Si examinamos este cuadrado, comprobaremos que la suma de las cifras contenidas en sus columnas, en sus filas y en sus dos diagonales, nos dará siempre la cifra 33. Si a su vez, dividimos el cuadrado en cuatro cuadrados menores, la cifra vuelve a ser de 33, y la suma de los números situados en los vértices del cuadrado, igualmente repite esa cifra. La Iglesia y los oficialistas, asegurarán lógicamente que se trata de la edad del Mesías al morir en la cruz, pero otros, más heterodoxos, verán que coincide exactamente con los 33 grados de la masonería, y no sería esta la única relación del templo con dicho movimiento, pues en otras partes del templo, podemos observar otros símbolos parejos, como por ejemplo triángulos o una escuadra, clarísimo símbolo masónico.

En una de las puertas de acceso, concretamente la que da a la calle Cerdeña, muy cerca del gallo y la sierpe, se encuentra una misteriosa figura, compuesta por un rectángulo, ligeramente trapezoidal, en cuyo interior pueden apreciarse dos extraños símbolos, uno en relieve, el otro en pulido vaciado, representando los opuestos. Según el investigador y escritor Ernesto Milá Rodríguez, estos dos símbolos, muy parecidos a triángulos, son una evocación a los cuatro elementos, ya que según él, el triángulo representa la signatura hermética del fuego, el mismo triángulo, pero con una raya horizontal, el aire, y este mismo, pero invertido, es símbolo del agua, y finalmente, igualmente invertido y cruzado por otra raya horizontal, es la representación del elemento tierra.

Según Milá, y también Utset Cortés, el hecho de que una de las imágenes sea vaciada, y la otra en relieve, indican la compenetración, el encaje perfecto y la dependencia mutua dentro de la pluralidad, de los cuatro elementos.

Algo que ha pasado casi desapercibido para el público general, es que según algunos estudiosos de la obra de Gaudí, una vez finalizada la gran obra barcelonesa, la planta del templo, quedará inscrita en el círculo, pero también en el pentagrama, al igual que sucede entre otras construcciones medievales, como la maravillosa catedral gótica de Notre Dame de París.

Cuando desde el exterior del templo contemplamos las altas torres, en más de una ocasión escucharemos a alguien decir que parecen como inmensas mazorcas desgranadas, y al parecer, esa era la verdadera intención de su arquitecto, pues Gaudí quiso representar esta planta, la cual, por muchos y violentos vientos que sufra ( el ateismo, el materialismo y la falta de espiritualidad) siempre sabe resistir y mantenerse firme, mirando fiel y dignamente a los cielos.

 Su cripta, solo visitable antes de las diez de la mañana, parece una inmensa fábrica de espiritualidad. En su interior todo es piedra y silencio, parece que ni el más ligero ruido se atreve a despertar de su sueño eterno al gran arquitecto allí enterrado, y las fuerzas telúricas del recinto subterráneo, parecen fluir por sus paredes. Quizá en lo más hondo de la cripta, bajo su pavimento, se esconda todavía el supuesto dolmen que indicó a Gaudí, que aquel lugar, cruzado por las serpientes telúricas de la Madre Tierra, era el enclave perfecto para levantar la última gran catedral de la Historia.

 

Miguel G. Aracil

 

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Bibliografía de Miguel G. Aracil: http://www.miguelaracil.com/MASBIBLIOGRAFIA.htm