
Madre y Premio Nobel de la Paz 2004:
Wangari Maathai: Proteger a la Tierra Madre

Wangari Maathai, la kenyata galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2004, es parlamentaria y viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Silvestre en el gobierno de Mwai Kibaki.
Del otro lado de la línea, desde algún lugar en Nueva York, irrumpe una voz grave, enérgica, contundente. Es un sonido heroico, guerrero; pero es también arrullo de madre que en cada frase transmite afecto, comprensión, generosidad.
Wangari Maathai pronuncia cada palabra y cada silencio visceralmente, con calidez, desangrándose en genuina preocupación.
La pobreza de su gente en Africa y la desigualdad social, la preservación del medio ambiente, la defensa de los derechos humanos, las futuras guerras por el agua, el acceso de más mujeres a los puestos de poder como factor clave para la paz mundial…
“Si uno desea proteger el entorno, primero tiene que proteger a su gente, a su pueblo. Porque si somos incapaces de preservar a la especie humana, ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies vegetales o animales?”, pregunta la “madre de sonrisas victoriosas”, como también se la llama, resumiendo así los ideales que la han guiado en su tenaz cruzada. Y añade: “Es imposible vivir bajo un régimen político que atemoriza a la gente, que destroza su creatividad”.
Todo su ser parece estar impregnado del cadencioso palpitar de la música negra.

Maathai es la duodécima mujer y primera kenyata y ecologista en obtener el Premio Nobel de la Paz -en 2003, el premio fue para la abogada iraní Shirin Ebadi, defensora de los derechos civiles-; y también es pionera por haber sido la primera mujer en conseguir un doctorado universitario en toda Africa central y oriental.
Enemiga acérrima de la deforestación y el régimen sanguinario del dictador Daniel Arap Moi (1978-2002), la fundadora del Green Belt Movement fue detenida y encarcelada varias veces en la década del 90. Su ex marido, un viejo parlamentario, también aportó lo suyo. En 1980, pidió el divorcio sin más, con el argumento de que su mujer pecaba, según apunta la Enciclopedia de Biografías de Gale, de “ser demasiado educada y con demasiado carácter y éxito para poder controlarla”.
Es que, con el perdón de todas las humillaciones, las injusticias y los agravios recibidos, nada ha impedido que esta madre de tres hijos, de 65 años, ande por la vida, honrándola, en sus vestidos variopintos y con esa inconfundible sonrisa clara en su cara oscura.
-¿Siempre está así de contenta, por dentro y por fuera?
-(Ríe.) Sí, me siento feliz la mayoría del tiempo; rara vez me deprimo. Es muy difícil estar triste cuando se plantan árboles. Los árboles que hemos plantado son los mejores embajadores de nuestro movimiento. Además, vivo rodeada de gente que también está preocupada por el cuidado del medio ambiente y que lucha por un mundo mejor.
-¿En qué está fallando la educación actual respecto de la preservación y el cuidado del medio ambiente?
-Creo que en las escuelas se sigue hablando del medio ambiente como si se tratara de algo completamente separado de nuestras vidas. Y así continuamos viendo la naturaleza a través de la mirada de biólogos, geólogos, arqueólogos… Todas ellas son visiones muy interesantes y enriquecedoras, pero parciales. Lo que a mí me preocupa es que aún no hayamos logrado entender que el planeta es una sola entidad de la cual formamos parte y que sin la vida de cada especie nosotros tampoco podremos sobrevivir.
-¿Cuál es la raíz de este alejamiento del ser humano con la naturaleza que usted describe?
-Desde que vamos a la escuela se nos educa para que algún día podamos acceder a los bienes que se producen en las fábricas. Con el tiempo, eso se convierte en “el ideal del buen vivir”. De ese modo, vamos perdiendo registro del arte y la belleza presentes en la naturaleza, expresados allí en su máximo esplendor. En ese contacto con lo esencial están la sensación de bienestar y la felicidad que tanto buscamos, infructuosamente, en los objetos materiales producidos en las fábricas.
Ya que menciona la felicidad, y en una sociedad con una postura excesivamente individualista frente a la vida: ¿cuál ha sido su mayor cosecha personal luego de haber trabajado tantos años en proyectos de servicio a la comunidad?
-Sólo puedo decir que se siente una enorme felicidad al servir a los demás. El servicio es una fuente infinita de alegría; es una gran herramienta que nos permite encontrar la felicidad.
-¿Cree en Dios?
-Sí, pero no en el Dios que está allá lejos, sentado en las nubes. Creo, sí, en aquella forma de energía poderosa que somos incapaces de comprender completamente, pero que continuamos buscando a lo largo de nuestras vidas.
-¿Practica alguna religión?
-Sí, la católica.
-¿Es el cuidado del medio ambiente un tema que preocupe verdaderamente a los líderes religiosos de Occidente?
-Creo que el deseo de explotar todo aquello que se descubre es de las principales herencias que nos ha dejado el cristianismo; y, tal vez por eso, sus líderes no han estado involucrados en los movimientos ambientalistas que protegen la creación de Dios. Ha habido, en verdad, una mayor preocupación por acumular bienes a expensas de otros semejantes. Creo que en estos momentos los líderes religiosos tienen una enorme responsabilidad: la de pasar del asiento del fondo al de la primera fila y alzar su voz en lo que a la protección de la Tierra respecta.
-¿Cuál fue su mayor fuente de inspiración en los momentos más duros de su vida?
-Creo que fui muy afortunada por haber vivido en Estados Unidos durante 4 años en la década del 60; allí aprendí que todas las personas tienen los mismos derechos; y uno de ellos es el de poder disfrutar de esta vida. Al volver a Kenya, esta experiencia siempre permaneció conmigo y me permitió atravesar momentos durísimos.
-¿Podría mencionar algún líder político al que admire?
-Uno que me ha inspirado enormemente es Martin Luther King, por su lucha incesante y su coraje. Y de mi continente, siempre he admirado al presidente Mandela, que se ha mantenido de pie a pesar de todo; me dio una gran alegría verlo salir de prisión; él ha hecho una enorme labor en pos de la democracia en su país. Tengo una excelente relación con él y con su mujer. Me apoyan muchísimo en mi trabajo.
-¿Cuáles son los problemas ecológicos más graves en Africa?
-Actualmente, el mayor problema de Africa es que más del 50% de la población vive en la pobreza absoluta, y por lo tanto destruye el medio ambiente como forma de sobrevivir. No tienen otra opción desgraciadamente.
-¿Está al tanto de la situación ecológica en América del Sur?
-Sigo muy de cerca las actividades en la cuenca del Amazonas, y estoy muy al tanto del problema de la deforestación en toda la región en general. También soy consciente de la pobreza que existe, con todo lo que esto implica.
-¿A qué atribuye los altos índices de corrupción en Africa y América del Sur?

-Bueno, hay un pasado en común: ambos continentes fueron explotados alevosamente por las diversas administraciones coloniales que no se preocupaban en absoluto de la gente autóctona; luego, la gente rica que heredó el poder de gobernabilidad lejos estuvo de asumir el compromiso de ayudar a su propio pueblo. Todo lo contrario, continuaron con el mismo estilo de vida que llevaban los colonos y con una mentalidad igualmente explotadora.
-Actualmente, usted ocupa un alto cargo en su gobierno: ¿cómo se siente en la política? ¿Es realmente un trabajo duro?
-Sí, es un trabajo muy duro, pero es también una gran oportunidad. Ahora puedo participar en la sanción de leyes, por ejemplo.
-¿Y va logrando sus objetivos?
-Puedo decir que sí, de a poco, claro. Por ejemplo, en el Parlamento acabamos de sancionar una ley por medio de la cual se ha logrado mejorar drásticamente la protección de los bosques naturales de Kenya. También aprobamos otra ley en el Parlamento que requiere que 2,25 por ciento del producto bruto interno vaya directo a las necesidades de la gente local. Estoy muy orgullosa porque nuestro gobierno resolvió que todos los chicos puedan recibir educación gratuita entre los 5 y los 8 años.
-¿Qué porcentaje de mujeres, en Kenya, ocupan cargos políticos relevantes como el suyo?
-Somos un grupo muy reducido en el Parlamento: de un total de 220 miembros, sólo 18 somos mujeres, lo que representa una gran minoría. Y sólo tres de esas mujeres son ministras, de un total de 30 ministros.
-¿Cree que más mujeres en el poder ayudarán a construir un mundo mejor?
-Usualmente me hacen esa pregunta. Y suelo responder que las mujeres no hemos tenido hasta aquí una oportunidad para probar nuestra capacidad de liderazgo. Por lo general, cuando una mujer llega al poder está sola, rodeada de una gran mayoría de hombres; así se hace muy difícil llevar grandes proyectos adelante. Por eso creo que deberíamos permitir que una mayor cantidad de mujeres asuma cargos de poder en el gobierno.
-¿Cuán serio es el problema del agua en Africa actualmente?
-El problema del agua en Africa ya es un gran problema, y no tengo dudas de que será aún más grave e importante en los próximos años. ¿Por qué? Porque está íntimamente relacionado con la protección de los bosques y la vegetación en general. Sin embargo, la deforestación avanza y los lechos continúan secándose (el sistema de escurrimiento de aguas se altera con el desmonte).
-De ser así: ¿en cuántos años cree que comenzarán esas guerras?
-Probablemente en unos 20 años, aunque es difícil decirlo. De hecho, muchas compañías embotelladoras de agua ya tienen el monopolio en grandes ciudades de países subdesarrollados, como Africa. Es un problema muy serio porque mucha gente pobre, sin acceso a fuentes potables, simplemente no podrá comprar esa agua. Los empresarios pueden decir que el agua corriente es potable, pero debido a la deforestación, la pobreza y muchos otros factores, la mayoría del agua de los lechos no está limpia.
-¿Cuál es su opinión sobre Greenpeace y otras ONG involucradas en la protección del medio ambiente?
-Creo que hacen un buen trabajo. Greenpeace, por ejemplo, está realizando una excelente campaña en lo que respecta al desecho de productos altamente tóxico en el océano. De esa forma la población logra enterarse de lo que ocurre; el solo hecho de que nos hagan tomar conciencia de los desastres ecológicos que impunemente se llevan adelante ya es un gran paso.
-¿Cuáles son, a su entender, los cinco países más desarrollados?

-Esa sería una respuesta muy superficial; el hecho de tener más bienes no es necesariamente sinónimo de desarrollo; el desarrollo económico y material puede convivir simultáneamente con una gran pobreza en la calidad de vida. Y esto último efectivamente ocurre. Claro que se nos suele decir que los países escandinavos, por ejemplo, tienen un alto índice de calidad de vida; pero eso indicadores están relacionados con el poder adquisitivo, básicamente. Desde mi punto de vista, todo ese tipo de mediciones son superficiales. Lo que sí diría es que, más allá de donde viva una persona, en Estados Unidos o en el país más pobre de Africa, lo importante es tener una buena calidad de vida y estar feliz. Y que la acumulación de bienes materiales no es necesariamente la fuente de felicidad.
-¿Le gusta cantar?
-Sí, me gusta cantar cuando camino sola por los bosques. Pero no sé tocar la guitarra y me sigo diciendo que debo aprender algún día (risas).
-¿Piensa visitar la Argentina?
-Me encantaría. Tal vez viaje a América latina a comienzos del año que viene.
-Si el cielo existe: ¿con qué palabras le gustaría que la reciba Dios?
-Me gustaría que me dijera: “Has hecho una gran labor cuidando los árboles de la Creación”.
-¿Y qué más le gustaría lograr antes de morir?
-Me gustaría plantar más árboles, desarrollar más vegetación y detener la deforestación en Africa; me gustaría que cuando muera, en Africa no haya más tierra yerma, erosionada por la tala de árboles, y que los ríos estén limpios, libres de contaminación. Entonces podré, sí, morir en paz.
FUENTE: www.noticiaspositivas.org