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LA SALUD A TRAVÉS
DE LA COCINA CURATIVA
¿Qué es la Salud? ¿Qué es la Enfermedad?

Por María Gomez Casal

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Tendemos a pensar que la Salud es simplemente no estar enfermos, pero lo cierto es que éste sería un término muy pobre para definir Salud.

La Salud es vivir en armonía con nosotros mismos y con lo que nos rodea, es seguir el flujo que nos marca la vida y sentirnos agradecidos a ella, es comprender las leyes del Universo y hacer lo posible por aprovecharlas para ser cada vez más personas, es “resonar” mejor en nuestro mundo, en nuestro espacio, es vivir con alegría cada momento del día siendo conscientes del privilegio que encierra el “aquí y ahora”.

En la visión de la filosofía oriental, la vida en todas sus formas de expresarse a sí misma depende de la armonía entre el Yin y el Yang, esas dos energías aparentemente opuestas pero intrínsecamente complementarias que forman parte de esa Unidad que se conoce como el Tao.
El Yin y El Yang son los dos pilares de la materia, aún más, no sólo del mundo de las formas, cualquier fenómeno se comprende desde su raíz contemplado desde este enfoque.
Todos los procesos vitales dependen de esta energía que actúa en muchas dimensiones simultáneamente.

Vivimos acunados en éste Gran Océano de energía por la polaridad. Dos gigantescas energías que son la base de la existencia en el mundo en que nos movemos.

El Yin: El potencial de la tierra, energía femenina, centrífuga y expansiva.

El Yang: El potencial de cielo, energía masculina, centrípeta y contractiva.

Ambas están relacionadas con el pasado y el futuro, y ambas en su movimiento deslizante se encuentran en armonía en el presente, ahora, en este momento conectamos con el potencial creativo que llevamos dentro.

Por eso el factor tiempo es decisivo en el desarrollo o curación de la enfermedad.
El resultado de un “prudente” equilibrio entre la contracción y la expansión, entre la luz y la sombra, entre el calor y el frío, entre el fuego y el agua, entre la energía eléctrica y la magnética, es la Salud.

La antigua sabiduría oriental, se basó en la observación de la naturaleza y de todos los fenómenos que nos rodean para llegar a comprender ese movimiento oscilante entre el Yin y el Yang que establece una dinámica cambiante y constante.
Los opuestos se atraen, se rechazan y se transforman en una danza cósmica donde todo se relaciona íntimamente.

El equilibrio entre el Yin y el Yang hace posible la Salud en todos los niveles de conciencia del ser humano, desde el nivel físico, sensorial, emocional, mental, social y espiritual.
Los alimentos que comemos también tienen esta naturaleza energética, además de nutrientes. Es muy frecuente constatar la gran inquietud general que existe en cuidar la presencia de esos nutrientes básicos que necesitamos, como son las grasas, las proteínas, los hidratos de carbono, las vitaminas y los minerales, en nuestra dieta. Pero esta excesiva preocupación, a menudo se traduce en un consumo excesivo de comida sin tener en cuenta la fuente de dónde se extraen, que es fundamental para la salud.

Tampoco es frecuente que se cuide la naturaleza energética de lo que comemos y bebemos.
En todos los alimentos encontramos ambas energías Yin-Yang presentes, pero en distintas proporciones, lo cual supone que algunos alimentos son principalmente yang y otros lo son Yin. Esta estructura energética en los alimentos es de vital importancia para mantener ese equilibrio necesario que favorece un alto nivel de vitalidad y de bien estar.

Quizás no sea tan importante preocuparse por las carencias como por los excesos, que es el verdadero problema hoy en día, pues se come mucho más de lo que se necesita, esto deriva en acumulaciones y saturaciones que el cuerpo no sabe como limpiar y drenar adecuadamente y si lo hace, será a expensas de un gasto importante de energía que acaba traduciéndose en un cansancio crónico que sólo se atenúa con mayores o menores dosis de estimulantes cómo el café, el tabaco, el azúcar, el alcohol, el chocolate....

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Para conseguir que nuestra comida sea nuestra medicina, necesitamos conocer su comportamiento energético, según el Yin y el Yang. Y así poder utilizarlo dependiendo de nuestros objetivos.

Empezaremos por comparar los alimentos de origen animal con los de origen vegetal.
Los vegetales se alimentan a través de sus raíces, de la Tierra. Los animales lo hacen a través de sus intestinos, hacia dentro.

Los vegetales respiran desarrollando sus hojas y expandiéndose hacia arriba y hacia fuera, mientras que los animales respiran con sus pulmones hacia dentro en un movimiento muy concentrado.

Los vegetales principalmente captan dióxido de carbono y desprenden Oxígeno, mientras que los animales captan oxígeno y eliminan dióxido de carbono.
Los vegetales están formados especialmente por carbohidratos y almacenan su combustible en forma de almidón. Mientras que los animales en su mayor parte son proteínas y almacenan en forma de grasa.

Vegetales y Animales son gobernados estas dos fuerzas opuestas y complementarias, a las que llamamos Yin – Yang.

Los Vegetales producirán un efecto energético más pasivo y expansivo (Yin) y los productos animales tendencias más activas y contractivas (Yang).

Aquí volvemos a encontrarnos con el axioma de: “SOMOS LO QUE COMEMOS”

Cuando se consume una dieta muy rica en producto animal, el cuerpo tiende a contraerse y el nivel de azúcar en sangre disminuye con facilidad. Los órganos vitales, con su constitución energética, también se contraen, se cierran, la persona se endurece y se vuelve menos flexible.
En el nivel emocional y en cuanto a la conducta, hay una clara tendencia a volverse más focalizador, testarudo e incluso agresivo. Con una preocupación por las cosas materiales y las circunstancias inmediatas, de tal forma que el árbol cubre todo el paisaje y se pierde la vista del bosque.

Por el contrario, una dieta totalmente basada en frutas, ensaladas crudas, leche, azúcar y zumos tiende a debilitar los órganos vitales, el nivel de azúcar fácilmente aumenta, los músculos y tejidos pierden tono y el sistema inmunológico baja sus defensas.
El comportamiento se volverá más pasivo y tímido, más desorganizado, carente de autodisciplina y excesivamente preocupado por los conceptos teóricos o abstractos, alejándose así de la realidad concreta.

Si estamos verdaderamente interesados en la salud de una forma integral y holística, hemos de buscar, del modo más natural posible, el equilibrio dinámico entre los alimentos contractivos (Yang) y expansivos (Yin).

 

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En realidad de forma inconsciente, es lo que hacemos cuando se toma una cerveza para acompañar un bocadillo de jamón. El Jamón es muy Yang, muy contractivo, y la cerveza muy Yin, muy expansiva. Lo mismo sucede cuando se come carne y se bebe vino, etc...Pero esta forma de neutralizar los extremos, se basa en grandes desajustes energéticos produciendo un desgaste importante para nuestro metabolismo y nuestra salud.3

Si aprendemos a usar conscientemente estos principios energéticos en nuestra manera de comer, podemos seleccionar los alimentos más centrados o que más necesitamos en ese momento, para conseguir un terreno interno equilibrado, suavizar nuestro cuerpo, mantener nuestra mente más tranquila, más calmada, más pacífica, al mismo tiempo que disponemos de un alto nivel de vitalidad, ya que no lo malgastamos en intentar restaurar la armonía después de haberla destruido.

Una clasificación de los alimentos Yin-Yang no es el objetivo de éste artículo, pero si podemos dar una orientación general que posiblemente sea útil.

El Yin, tiene un efecto expansivo y enfría.

El Yang, por el contrario es contractivo y calienta.

Pero estos términos no servirán de mucho, si no se entienden sus efectos energéticos, aunque es importante no olvidar que el Yin y el Yang tienen un carácter relativo, ya que en el fondo son estados energéticos cambiantes, que se están transformando constantemente el uno en el otro.
La Gran Danza Cósmica que el Universo entero y todas sus formas de vida bailan al son de unas leyes que nos urge conocer y seguir, para ayudar a recuperar el Planeta Tierra, nuestra Gran Madre, a la que, verdaderamente tenemos aburrida, explotada y enferma.

Si estamos interesados en poner nuestro granito de arena es este ambicioso plan de recuperar la Vida, que últimamente parece haber perdido su protagonismo original, hemos de pensar primeramente en la vida dentro de nosotros mismos. Cuando esta asignatura deje de estar pendiente, cuando la fuerza vital fluya libremente a través  de nuestros órganos, glándulas y fluidos y la unión cuerpo-mente se ajuste a las grandes leyes que nos gobiernan, entonces, lo de fuera, comenzará a fluir también. Porque no debemos olvidar que lo de fuera es un espejo de lo que está  sucediendo dentro.

Esta conclusión nos remite, nuevamente a nuestra comida.

Lógicamente los alimentos expansivos (Yin) y los contractivos (Yang) potencian las funciones fisiológicas que necesitan de estos movimientos.

El sentido común nos invita a seleccionar los alimentos que propicien estos dos movimientos con la información que les es propia de forma equilibrada, es decir, evitando los que caen en el exceso más extremo ya que éstos les suponen al cuerpo un gasto importante de su vitalidad.
Pongamos un ejemplo fácil de entender: El corazón es una muestra fantástica de cómo estas dos energías básicos de la vida actúan conjuntamente.

Primero el ventrículo izquierdo se contrae bajo la influencia de una fuerza Yang, a continuación la sangre es impulsada por un movimiento Yin que alcanzará todas las células del cuerpo para nutrirlas. La Aurícula izquierda se expande y dilata (según una fuerza Yin) convirtiéndose así en el mayor depósito de sangre arterial, que ha recibido directamente de los pulmones, a continuación una carga de energía Yang la contrae y vacía la sangre hacia el ventrículo para volver a empezar el recorrido de la circulación mayor.

Ya sabemos que en el lado derecho que trabaja con sangre venosa, sucede lo mismo al unísono, ¡Que maravillosa sincronicidad! Y de ella depende nuestra vida y la salud de alma, cuerpo y mente.

No es difícil imaginar que si la información energética, es decir, las fuerzas Yin-Yang son extremas y sobreactúan, el funcionamiento del corazón se verá seriamente afectado, irá del extremo Yang contraído y cerrado, donde la sangre cada vez circula peor y donde las entradas y salidas estarán más bloqueadas, al extremo Yin donde se debilitara produciendo una insuficiencia de sangre, perderá tono muscular, dando lugar a que algunas estructuras se dilaten con el riesgo que esto puede suponer para el corazón, que en el plano orgánico en una bomba electromagnética.

5Alimentos más expansivos (Yin)
Drogas
Alcohol
Azúcar
Bebidas industriales
Bebidas frías
Helados
Frutas tropicales y sus zumos

Alimentos más Contractivos (Yang)
Sal y salazones
Huevos
Embutidos
Quesos curados
Carnes rojas y blancas
Marisco
Ahumados

Es interesante darse cuenta que el ser humano moderno como cosas mucho más extremas, desde le punto de vista energético, que sus antepasados y que coincide con que nunca antes se había visto un aumento de enfermedades y muerte de corazón semejantes al actual.

Si siguiéramos repasando fenómenos, nos encontraríamos constantemente con el mismo fenómeno, el Yin-Yang, actuando arriba y abajo, dentro y fuera, en lo profundo y en lo superficial, el los movimientos de las galaxias, en los fenómenos celestes, en los ciclos de la Naturaleza, en las funciones de los órganos y células, en el átomo, en las partículas pre-atómicas y en todos los fenómenos que existen sin excepción.

Por supuesto, que hay otros muchos factores además de la comida que influyen en el desarrollo de los síntomas y las enfermedades, como la actividad, la edad, el sexo, el carácter, el ejercicio o su ausencia, las actitudes, las emociones, las forma de pensar... Pero todo esto también está bajo la influencia del Yin y del Yang, y saberlo manejar en la cocina, nos de una gran ventaja.

Esto es lo que llamamos en la Macrobiótica, LA COCINA CURATIVA.

María Gómez Casal

Coordinadora y Profesora de Escuela de Vida
www.escueladevida.es

María Gómez Casal

  • Coordinadora de Escuela de Vida, dedicada a la formación en Nutrición Energética y Macrobiótica.
  • Profesora y Responsable de los programas de Cocina de Escuela de Vida.
  • Consejera Macrobiótica por el Instituto Kushi (USA)
  • Fisioterapeuta diplomada.
  • Terapeuta de Terapias Reflejas Naturales (Reflexología Podal, Técnica Metamórfica, Shiatsu, Acupuntura Su-Jok…)
  • Naturópata por FENACO