
LA PRÁCTICA DE LOS MILAGROS
Por Miranda Holden
Orando por un milagro
¿Alguna vez sentiste que perdías tu
chispa, que habías perdido la sensación de estar
en tu centro? ¿Alguna vez te sentiste irritado y abrumado,
cuando todo es una lucha?
Estar atrapado por el miedo no es divertido. La respuesta
del ego al temor es el pánico y hacer planes, que termina
profundizando el temor. He notado cuán automáticamente
el ego “viene al rescate”, nos arma estrategias,
encuentra al culpable, reconstruye sus defensas y se encuentra
así ocupado en frenéticas actividades.
Con sumo agradecimiento, sé que hay un camino mejor
(bueno, al menos la mayoría de las veces!) La Voz de
la Paz en mí se ha hecho mucho más fuerte con
el correr de los años al igual que he desarrollado
una mayor voluntad de preguntar y escuchar. Esto me ofrece
el amoroso recordatorio de que todo lo que necesito hacer
es entregarle mi mente a Dios tan rápido como sea posible.
Cada vez que me detengo y me dirijo hacia el Amor de Dios
– para re-encausarme – permitiéndole a
mi mente alinearse de acuerdo a la Verdad de quien soy y lo
que Es, la gracia y el perdón curan aquello que necesita
ser curado. La claridad emerge como aquello que yo necesito
hacer –si lo hubiera- en el nivel exterior. El efecto
sinérgico (cooperación) y el sincronismo vuelven
a emerger, conjuntamente con un sentido de comodidad y fluidez.
En contraste directo con las estrategias de mi ego, la solución
del Espíritu Santo es siempre aquella que se hace sin
esfuerzo y que no requiere nada de mí, salvo mi sincera
voluntad de que la paz ocupe el sitio de mi experiencia actual.
Gracias a Dios, existe otra forma, y siempre tenemos una opción.
En la práctica, esa opción es entrar en pánico
u orar.
El medio de los milagros
La oración es simple. Es el puente a la paz.
Esencialmente, la oración es el medio a través
del cual le regresamos nuestras mentes al cuidado del Espíritu
Santo. Cuando le regresamos nuestras mentes, los milagros
prevalecen.
Un milagro deshace nuestro apego a la separación, al
temor, a la culpa y a la escasez; a través de nuestra
voluntad y por la gracia del Espíritu Santo. Un milagro
puede, literalmente, borrar todo el daño y regresarnos
a casa en la conciencia de nuestra Unicidad en la Realidad,
donde estamos eternamente en paz.
De esta manera, la verdadera oración es la forma en
que nosotros cooperamos conscientemente con la voluntad de
Dios para nosotros que es verdadera felicidad y paz.
Y esto es en esencia todo lo que en Un Curso de Milagros Jesús
nos pide que hagamos – que renunciemos a escuchar la
voz autónoma del ego y escuchemos la de Él.
Lejos de ser la “opción delicada”, cuando
llega a ser la realización de los efectos de un cambio
verdadero en nuestra experiencia, la oración funciona
allí donde el esfuerzo fracasa.
Las soluciones del ego y del espíritu
A diferencia de las soluciones de mi ego, las del Espíritu
Santo son naturales y sin esfuerzo. Jesús nos facilita
varias sugerencias prácticas a través del Curso
acerca de cómo orar y recibir un milagro. La siguiente
es una de mis favoritas, porque también define los
mecanismos de los milagros. Se nos pide que aportemos toda
la sinceridad y honestidad que podamos en nuestra oración.
La oración es como una fiesta, donde la ropa que tienes
que usar eres tú; así pues tomemos cualesquiera
sean los sentimientos, pensamientos o experiencias por las
que estemos pasando, y pongámoslos en esta oración:
“Debo haber decidido equivocadamente porque
no estoy en paz”(T-5. VII.7)
El primer paso para un cambio es reconocer claramente que
el problema es una creencia en la separación, que produce
así sentimientos de culpa, temor y escasez; los cuales
a su vez proyectamos en todos y en todo. Cuando sea que estemos
experimentando culpa, temor o escasez, no se nos está
pidiendo que arreglemos nada, sino que revisemos nuestras
elecciones.
Esta fue mi decisión
“Yo mismo tomé esa decisión, por lo
tanto, puedo tomar otra”
Se nos pide que nos hagamos totalmente responsables
por la experiencia en la que nos encontramos, que somos dueños
y autores de nuestra propia historia, y como tales, tenemos
el poder de disfrutar una experiencia diferente si queremos.
El ego interpreta esto como culpabilidad pero en realidad
hacernos totalmente responsables es en realidad motivo de
gran alegría, porque significa que hemos recuperado
nuestro poder y no somos más víctimas de nada.
“Quiero tomar otra decisión porque
deseo estar en paz”
Esta parte de la oración nos pone frente a frente con
lo que en realidad queremos, pidiéndonos que clarifiquemos
nuestra intención y que nos demos cuenta que no podemos
tener paz y estar todavía aferrados a nuestra vieja
percepción. Se nos pide que elijamos la paz en lugar
de tener razón, o de tener el control, o de ser superiores,
o de tener alta la moral, o cualquier cosa. ¡Elijamos
la Paz!
“No me siento culpable, porque el Espíritu
Santo, si se lo permito, anulará todas las consecuencias
de mi decisión equivocada”
Aquí se nos pide que neguemos la realidad de nuestra
culpa y que comprendamos la inocencia colectiva, para permitir
que el regalo del Espíritu Santo deshaga las consecuencias,
que limpie el pizarrón por nosotros. Este es el regalo
de Dios para nosotros, si deseamos recibirlo. No nos olvidemos
que “... el Espíritu Santo responderá
totalmente a tu más ligera invitación”
.
“Elijo permitírselo, al dejar que
Él decida en favor de Dios por mí”
Finalmente, estamos diciendo “sí” al ofrecimiento
del Espíritu Santo de un nuevo comienzo sin ningún
esfuerzo. Ni siquiera se nos pide que decidamos enérgicamente
por Dios, sino simplemente dejar que el Espíritu Santo
realice su función de conducirnos hacia nuestro estado
natural – nuestro hogar en Dios. Al aceptar esta ayuda,
nos beneficiamos y recibimos la Gracia al ser guiados de nuevo
a la paz.
Sólo el pensamiento de esta plegaria me inunda con
inmensa gratitud por el nivel de compasión, cuidado
y ayuda que se nos ofrece en todo momento.
Está concebido, al igual que todas las prácticas
que el Curso nos entrega, para que sea aplicada cualquiera
sea el problema o situación en la que nos encontremos.
Para el Espíritu Santo, los específicos son
irrelevantes, porque la causa es la misma; cada experiencia
que no nos colme de paz es un reflejo de nuestra creencia
en la separación, con la consecuente culpa, temor que
le sigue.
Descanso en Dios
Una vez que hemos regresado a la paz, el próximo paso
es ¡quedarnos ahí! Para poder hacerlo, debemos
aferrarnos a esa elección como la única cosa
que queremos.
Mientras estemos en un cuerpo, con un ego, vamos a ir alternando
de atrás para adelante entre la unicidad y la separación,
hasta que al final estemos listos para dejar ir ese ser autónomo
completamente.
Observando mi resistencia para completar mi entrega total,
he encontrado que la práctica de perdonarme a mí
mismo por querer aferrarme al ego ha sido extremadamente útil,
para luego recordarme a mí mismo “descansar en
Dios” tan a menudo como pueda recordarlo a lo largo
del día.
Cada vez que me aferro a este pensamiento, siento la fortaleza
de mi verdadero Ser levantarse y también siento como
los temibles pensamientos del ego desaparecen. Cuando nuestra
resistencia sea fuerte, no nos peleemos con nosotros mismos
por querer aferrarnos, sino que perdonémonos y pidamos
ayuda para tener esa voluntad para permitirle a un milagro
que ocupe su lugar.
“Oremos ahora, actuemos luego” es la única
respuesta sana para cada problema, conflicto o dolor.
Es el delicado camino de regreso al Amor.
La prosperidad no quiere decir lucha.